dom. Jul 21st, 2024

Gerson Gómez Salas

Por doce horas duerme. Entrena profesionalmente soccer por 120 minutos. La mayor actividad por la jornada las usa en el dispositivo móvil. Carece de la habilidad de aprender o seguir dos hojas de un libro.

Vive en el extravío de los pensamientos fugaces. No logra aterrizar uno solo. Codependiente de la supercarretera de la información. Las redes sociales, la telaraña de las banalidades.

Ya sueña con la camioneta nueva. Para llegar a presumir con las amistades. Apenas puede deletrear en castellano las palabras. Invierte el sentido de la a y la e.

La excusa perfecta incluye la disfunción parental. Solo concluyeron primaria y son magníficos comerciantes.

Brainrot al pasar demasiado tiempo online. Una realidad cada vez mayor entre recién nacidos y estudiantes universitarios. Establecer sistemas de control o filtros de horarios podría resultar en alternativa viable.

Quienes se atreven a limitar a sus hijos conocen la magnitud del descontento. El fentanilo mata al usuario. El uso en exceso del internet frustra los sueños de una generación venida a menos.

Para la psicología y la psiquiatría este fenómeno va en aumento. Nadie puede vivir sin whatsapp. En Bumble intercambian panoramas de citas amorosas. Millones de tik toks van a dar al gusto culposo de reír por la desgracia. Sin Instagram nuestro legado concluye desapercibido.

Entre el abrir y cerrar de ojos generamos contenido tan insoportable como gatitos enloquecidos, perros amorosos o la más reciente relación sentimental de alguien con valores cuestionables.

Todo viene de bajada. No se culpe a la industria. Aceptemos ser, ya no objetores de conciencia, sino ejecutores de formación, en el patíbulo de la inteligencia.

Por Admin

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