Eleazar Fuentes Gutiérrez
En política, no tomar postura también es una postura.
A los tibios no se les quiere; hasta en la Biblia se habla de eso: estás o no estás. Y es que actualmente la política en el mundo y en nuestro país se hizo de “queda bien”. Cada vez vemos menos posturas políticas, porque el político actual, con tal de votos, es capaz de cambiar hasta de rostro y de nombre, hablando metafóricamente. Pero, ¿realmente eso es bueno? A mi punto de vista, no.
Un día vemos a un político conservador metido en temas religiosos y espirituales, y al otro día lo vemos con una postura progresista. El político está dispuesto a perder sus valores con tal de poder, y eso corrompe. No es pluralidad, es conveniencia. Dependiendo del grupo al que le hablan, quedan bien.
La política exige definición. Gobernar implica tomar decisiones, y toda decisión, por naturaleza, incomoda a alguien, y ese es el costo que no quieren pagar los tibios.
El problema de la tibieza no es solo ético, también es práctico. Un político que no se define difícilmente puede construir rumbo. Sin postura no hay dirección, y sin dirección no hay resultados.
Es por eso que vemos en nuestro país a partidos de izquierda y derecha juntos, a partidos de derecha apoyando ideas de izquierda y viceversa. Un claro ejemplo es Encuentro Social en un periodo aliado a Morena. Ningún sistema y ningún partido es 100% puro, y eso genera tibieza. Y tampoco se pide o se busca que se sea del todo puro en sus ideas, pero sí, al menos, que respeten sus posturas y lo que representan.
Querer representar a todos sin definirse es no representar a nadie.