Naamán, general del ejército del rey de Siria, era un varón grande delante de su señor y de sus compatriotas, valeroso en extremo, pero enfermo de lepra.
Curiosamente, esta enfermedad no tenía una connotación tan delicada como la conocemos ahora ni era causa de vergüenza entre su pueblo, pero Naamán y su familia, sabían que él moriría.
Para los que conocemos a Dios, sabemos que la lepra era una referencia al pecado, que consume lenta y vergonzosamente a su portador y que termina contaminando a los que están a su alrededor, aislándolo y matándolo.
Pero hay personas a las que no les causan conflictos, sino que normalizan el vivir con un leproso, y no lo digo de forma despectiva, sino con un sentido de alerta sanitaria que busca prevenir contagios y que no siempre es bien recibida.
Entre nosotros viven enfermos de lepra: alcoholismo, adulterio, avaricia, gula, entre muchos otros más, y los hemos normalizado tanto, que olvidamos que además de ser contagiosos, tarde o temprano causan heridas y conducen a la muerte de todos sus portadores.
Muchos como Naamán, se esconden detrás de una armadura de status, glorias pasadas y reputación, pero por dentro están heridos y sufriendo.
Cuando Naamán fue avisado que había una forma de ser limpiado buscando a Dios y por Su Palabra, sumergiéndose en el lodoso río Jordán, consideró otros “ríos” mejores; afortunadamente reconsideró, pero para poder sumergirse, tuvo que quitarse su armadura.
El río de la gracia puede parecernos poco atractivo comparado con otras opciones, pero para poder entrar en él vamos a tener que despojarnos de aquella coraza de imagen autosuficiente y exponer nuestra vulnerabilidad para poder ser limpiados y sanados.
Naamán, el general de Siria que había traído grandes victorias, expuso su debilidad, sus heridas y faltantes ante Dios una y otra vez, hasta que vio el milagro completo.
No tengas recelos al ser vulnerable a los ojos de Dios, sumérgete en el río de la gracia y deja que Él haga el milagro que te devolverá la vida y la esperanza a tu familia, pero recuerda quitarte antes tu armadura.
2 Reyes 5:14 Él entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.
¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.
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