mié. Ago 19th, 2026

Cosas del Tony
Por: Antonio Sánchez R.
El proceso electoral está a 11 meses de distancia en el tiempo, pero pareciera como si ya estuviera a menos, a dos o tres meses. Aún no se publican las convocatorias para los procesos internos de cada partido, pero ya muchos andan estirando “la pata” para su lavado.
Sabemos de antemano que el tiempo es relativo: lo que parece muy lejano de repente se nos presenta casi de frente. Podríamos decir, y sería válido, que las elecciones del proceso electoral de 2027 se encuentran ya a la vuelta de la esquina o, como dicen en el rancho, “ahí nomás, tras lomita”.
Pero como dicen por “allá mesmo”: “no por mucho madrugar amanece más temprano”, por lo que habría que recomendarles a los “madrugadores” que le bajen unas dos o tres rayitas a su entusiasmo “encuestativo”, porque podrían llevarse una amarga desilusión que los dejaría noqueados políticamente.
Hemos tocado ya en muchas ocasiones el tema de las encuestas, algunas de las cuales no llegan ni a sondeos mínimos, no cubren los requisitos para ser reconocidas como instrumento creíble, pero eso sí, se dan el lujo de indicar un más menos cinco por ciento de margen de error. ¡Santa Madre de Dios!
Según los indicadores que conocemos, para que una encuesta sea creíble al cien por ciento, la muestra mínima debe de ser del cinco por ciento del universo total, esto es, que si queremos saber con certeza la opinión en torno a un determinado candidato a la alcaldía de un X municipio, se debe aplicar la encuesta al cinco por ciento del padrón electoral de tal municipio.
Vamos a poner un ejemplo: en Santa Catarina, hasta julio de 2026, el padrón electoral constaba de 237 306 electores. Entonces, si Pitágoras no se equivoca, el cinco por ciento de esa cantidad es de 11 mil 865. Esta última cantidad es el mínimo de encuestas que se deben aplicar para determinar, con mayor seguridad, hacia dónde se podría inclinar la balanza.
Además y para que la muestra sea mucho más confiable, la encuesta se debe aplicar en cuatro zonas distintas o bien, partir en cuatro sectores el municipio y aplicar un cuarto de encuestas en cada sector y, de preferencia, que la persona encuestada tenga a la mano su credencial de elector.
Pero resulta que nunca de los nuncas se cumple con esto. Hay “encuestas” que, como decíamos, ni a sondeo llegan, pues aplican no más de 500 encuestas y con eso aseguran que la muestra es confiable. ¡Para nada!
Para quienes se dedican a armar “estadísticas”, siempre serán bienvenidas las “benditas” encuestas, pues tendrán chamba segura por algún tiempo, mientras que haya ingenuos que piensen que con una encuesta chafa podrían cambiar el rumbo de una elección.
Porque en estos momentos, a 11 meses de que se instalen las urnas y se abran las casillas, ninguna encuesta puede ser llamada “confiable”, mucho menos aquellas en las que se jura y se perjura que ya casi todo el electorado tiene la seguridad de por quién va a votar.
Es más, puedo asegurar que, aún sin aplicar siquiera un muestreo mínimo, la inmensa mayoría de los ciudadanos aún no tienen claro por quién van a votar y ni siquiera esas encuestas “balines”, cuyo único objetivo es influir en el electorado, pueden llegar a pesar en el ánimo de los votantes.
Por cierto, ¿sabe cuánto cuesta que le fabriquen una encuesta? Según nos hicieron llegar el dato, a una “suspirante” de un municipio metropolitano le cobraron… ¡un millón de pesos! La muchacha ocupa un puesto en una administración municipal y aquí lo interesante sería saber de dónde demonios sacó esa lana para pagar por un documento en el que, obviamente, se le coloca a la cabeza. ¡Cuánta ingenuidad aprovechada por fabricantes de sueños!

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