● Reúne esa historia con videos y testimonios sobre el empresario que antepone a las personas e impulsa la Fundación Kasuga
● La historia de Carlos Kasuga Osaka no la escribió él: la contaron quienes trabajaron a su lado, compartieron su camino y aprendieron de su liderazgo durante más de cinco décadas
De niño, Carlos Kasuga Osaka aprendió a leer el mundo en dos idiomas: el de sus padres, migrantes japoneses que llegaron a México con muy poco más que sus costumbres, y el del país que los recibió y les dio la oportunidad de volver a empezar.
De esa doble raíz nació, décadas después, un empresario que prefería sentarse a comer en casa de sus colaboradores antes que hablarles sólo de metas de producción; que fabricó, contra el reloj, los aros que el mundo vio inflarse en la inauguración de los Juegos Olímpicos de México 68; dando vida a un legado que hoy quedará inmortalizado en un libro.
Se llama ¡GAMBARE! El espíritu japonés que inspiró una vida y un legado: Carlos Kasuga Osaka, y no fue idea suya. Fueron sus hijos y familia quienes propusieron abrir sus recuerdos y fotografías e inmortalizar su trayectoria.
“La idea de reunir la historia de don Carlos en un libro surgió de la necesidad de volver la mirada a ejemplos como el suyo: una vida que demuestra que los valores no son solo palabras, sino una forma de vivir, trabajar, educar y relacionarse con los demás. Al compartir la propuesta con sus hijos, coincidimos en el deseo de preservar y compartir su legado. Así, la obra fue concebida también como un regalo de ellos a su padre: una manera de reconocerlo en vida, agradecerle por su ejemplo y reunir, con mucho cariño, la historia del hombre que ellos han conocido como padre”, explica Karla Taira, autora y directora editorial del proyecto.

El camino para reconstruir la historia
Karla Taira y su equipo tocaron puertas familiares, revisaron álbumes completos y buscaron a quienes lo vieron de cerca en lo cotidiano, en la fábrica, en su casa, en la mesa. Y ahí apareció algo que no esperaban encontrar: buena parte de lo que Carlos Kasuga Osaka ha logrado a lo largo de su vida, él mismo nunca lo contó.
La investigación reunió 34 entrevistas, más de 600 imágenes, documentos inéditos, fotografías familiares y testimonios de quienes compartieron distintas etapas de su vida. El resultado es una edición interactiva que incorpora 31 videos para ampliar la historia más allá de las páginas.
“Me sorprendió conocer muchos de sus logros a través de otras personas y no por él”, relata Karla Taira, quien describió además cómo, entrevista tras entrevista, iba apareciendo una faceta distinta de Carlos Kasuga Osaka: el hijo de migrantes japoneses, el joven inquieto y soñador, el esposo, el padre, el amigo, el empresario, el hombre profundamente comprometido con la educación.

De esa costumbre de escuchar antes que presumir nació también el “sueldo moral”, un concepto que Carlos Kasuga Osaka desarrolló al frente de Industrias Kay, la idea de que pagar bien no basta si las personas no se sienten respetadas y tomadas en cuenta. Por eso abría el día con charlas que no eran solo de producción, sino de familia, de puntualidad, de hacer las cosas bien desde el principio.
Esa manera de anteponer a las personas antes que los resultados es la clave de todo lo que vino después: el Liceo Mexicano Japonés, del que fue fundador, y la Fundación Kasuga, que él y su familia impulsaron más tarde para llevar innovación educativa a más comunidades en México.