mar. Ago 25th, 2026

Raúl Guajardo Cantú
Durante mucho tiempo Nuevo León ha mantenido una inercia en el ámbito gubernamental, no ha habido, salvo tímidos intentos, alguna intentona por presentar un plan de gobierno disruptivo en el ámbito estatal, debido a lo cual nuestro estado no ha dado el salto cualitativo que nos pondrìa en el primer mundo, algo que hemos intentado durante muchos años.
Nuestro estado, al menos la gran mayoría de sus empresas, se desarrollaron con independencia del gobierno central del país, siguieron su propio camino y con ello hicieron de Nuevo León la capital industrial de México, pero ese empuje que inició a finales del siglo XIX y continuó en el siglo XX, no ha sido apoyado en el actual siglo por los gobiernos que han pasado por el Palacio de Cantera.
Durante años, Nuevo León fue la máquina que estiraba el tren de la economía nacional, no con contratos de gobierno, sino utilizando para ello la inventiva y la audacia que caracterizó a los grandes grupos empresariales del estado, que mostraron visión no solamente económica sino social, como lo podemos observar en el hecho de que las prestaciones de vivienda y salud se originaron en el grupo empresarial encabezado por el legendario Eugenio Garza Sada.
El caso es que los gobiernos de este siglo no han logrado trabajar al unísono de las empresas regias que se encuentran ya en la búsqueda de nuevos caminos dentro de la llamada nueva economía, como lo han mostrado Femsa y Alfa, quienes han incursionado con éxito en los ámbitos de servicios financieros y energía, globalizando, además, sus actividades.
Los gobiernos de, por lo menos los cuatro últimos sexenios, han jugado a continuar con la inercia que viene desde el siglo pasado, buscando promover una economía que va de salida en el mundo actual, en lugar de generar condiciones para que en Nuevo León se desarrollen empresas ligada a la nueva economía y a las actividades que esta deja de lado y por lo mismo adquieren un valor superior al de las manufacturas, principalmente aquellas referentes a los servicios personales que requieren un elemento finito: tiempo.
Por este contexto es que necesitamos de un sexenio disruptivo, con un gobernador disruptivo que tenga una visión de futuro que hasta ahora no se ha presentado entre los gobernantes del estado.
Se trata de generar las condiciones para que empresas que ofrezcan empleos de alto valor se establezcan en Nuevo León, que las escuelas, desde la educación básica hasta la universitaria, formen personas que no solamente tengan una visión técnica de alto nivel, sino un formación humanística de primer orden.
Se trata también de que exista la infraestructura necesaria para que las empresas cuenten con los insumos requeridos para su correcto desarrollo, tanto en lo referente a personal capacitado, energía, agua y apoyos administrativos.
Comenzando por una renegociación de la deuda pública que hoy por hoy hace imposible que los futuros gobiernos tengan recursos para realizar la obra pública necesaria, pero también de ofrecer servicios que mejoren la movilidad de los nuevoleoneses, principalmente en el área metropolitana de Monterrey, tan densamente cubierta de vehículos de automotor.
En fin, es un tema que da para otras colaboraciones que les presentaremos en los próximos días.

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