Vivimos en una generación que mide la influencia por la cantidad de seguidores, el poder, la fama o la visibilidad. Sin embargo, Dios le dijo a Sara: “ Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella ” (Génesis 17:16). En una cultura que muchas veces minimiza la maternidad porque no ofrece resultados inmediatos ni reconocimiento público, Dios nos recuerda que formar una vida puede tener un impacto mucho mayor que ocupar una plataforma.
La maternidad no es simplemente criar hijos; puede ser formar carácter, transmitir valores y preparar personas que mañana influirán sobre otros. Una madre quizá no vea de inmediato el alcance de sus oraciones, sus enseñanzas, su disciplina y su ejemplo, pero lo que siembra en casa puede multiplicarse durante generaciones. Sara recibió un hijo, pero Dios veía naciones.
El problema de nuestra época es que estamos demasiado atraídos por lo inmediato: entretenimiento, reconocimiento, poder y éxito visible. Hemos aprendido a valorar lo que ocurre rápido y a despreciar lo que requiere años. Pero las cosas verdaderamente trascendentes suelen crecer lentamente: el carácter, la familia, la fe y el legado.
Por eso necesitamos recuperar una visión generacional. No toda influencia ocurre frente a una multitud; algunas de las influencias más poderosas ocurren en silencio, dentro de un hogar. Quizá mientras el mundo busca quién gobernará una nación, Dios está formando en una madre a quien criará a la persona que mañana influirá sobre ella.
No minimicemos aquello que Dios diseñó para multiplicarse. Lo que hoy parece una pequeña semilla sembrada en una casa, mañana puede convertirse en una influencia que alcance generaciones.
La promesa de Sara es para ti también: formar desde cada hijo, una nación al servicio de Dios.
¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.
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