Charlas de taberna
Marcos H. Valerio
Hoy México se viste de verde, de blanco y de rojo. Las calles se tiñen de fiesta, los gritos de ¡Viva México! retumban desde las plazas hasta los rincones más apartados, y en medio de tantos problemas que nos golpean como nación, surge la pregunta inevitable: ¿qué tenemos que celebrar?
¡Mucho! ¡Muchísimo!
Celebrar a México no significa cerrar los ojos ante la inseguridad, la pobreza, la corrupción o la desigualdad. Celebrar significa recordar, con el pecho hinchado de orgullo, que este país es infinitamente más grande que todos sus dolores juntos.
México es la madre que se levanta antes del amanecer para sacar adelante a sus hijos. Es el joven que estudia de madrugada y sueña con un futuro mejor. Es el trabajador que, día tras día, cumple con su labor sin pedir aplausos.
Es el médico, el maestro, el campesino, el comerciante, el empresario, el artista, el periodista, el servidor público… y los millones de mexicanos anónimos que, desde su propia trinchera, hacen que este país siga caminando, respirando y esperando.
Las fiestas patrias no solo nos recuerdan de dónde venimos: también nos empujan a mirar hacia dónde queremos ir. Este 15 de septiembre hay que celebrar nuestra historia, nuestras tradiciones, nuestra música que hace temblar el alma, nuestra comida que conquista el mundo, nuestra cultura vibrante y, sobre todo, a nuestra gente.
Porque ser mexicano también significa respetar al otro, cumplir con la responsabilidad de cada día, ayudar a quien lo necesita, exigir justicia, trabajar por las comunidades y convertir cada amanecer en un México un poquito mejor.
México cambia cuando cambiamos nosotros.
Así que esta noche, mientras los cohetes iluminan el cielo y el Grito resuena en cada rincón, celebremos con todas las fuerzas. ¡Celebremos a México!