lun. Oct 5th, 2026

En medio de una sociedad que discute grandes proyectos, presupuestos, elecciones, tecnología y poder, quizá hemos olvidado algo fundamental: las grandes sociedades también se construyen defendiendo pequeñas cosas.
Sama, uno de los soldados del rey David, entendió algo que muchos habían olvidado. Los filisteos habían llegado a un campo de lentejas y el pueblo había huido. Para algunos, aquel terreno probablemente no justificaba quedarse a pelear.
Pero Sama se quedó. «Se paró en medio de aquel terreno, y lo defendió… y Jehová dio la victoria grande.» 2 Samuel 23:12. Era un campo de lentejas. Nada espectacular. Pero era alimento, provisión y parte de la herencia de un pueblo.
Hoy también tenemos campos que parecen insignificantes y que estamos dejando perder.
Estamos abandonando la familia porque parece demasiado difícil defenderla. Dejamos que otros eduquen a nuestros hijos porque estamos demasiado ocupados. Cedemos principios porque parece más cómodo adaptarnos. Permitimos que la mentira, la irresponsabilidad y la corrupción avancen porque pensamos que luchar contra ellas no hará ninguna diferencia.
Pero aquello que hoy parece pequeño puede convertirse mañana en la pérdida de una generación.
Un hogar que no cuidamos. Un hijo que no escuchamos. Un principio que dejamos de enseñar. Una verdad que dejamos de defender.
No todo lo importante hace ruido. Algunas de las cosas que sostienen una sociedad parecen tan ordinarias como un campo de lentejas.
Sama no esperó que alguien más regresara a defenderlo. Se puso en medio del campo y asumió su responsabilidad.
Ese es el desafío de nuestro tiempo: dejar de preguntarnos quién debería defender lo que Dios puso en nuestras manos y comenzar a hacerlo nosotros.
Defiende tu familia. Defiende tus principios. Defiende tu fe. Defiende la formación de tus hijos. Defiende aquello que, aunque hoy parezca pequeño, mañana será parte de la herencia que recibirán los que vienen detrás.
Porque cuando una generación deja de defender sus pequeños campos, tarde o temprano termina entregando su herencia completa.
Y quizá el problema de nuestra sociedad no sea que no tengamos nada que defender, sino que hemos olvidado que algunas de las cosas más valiosas parecen, a primera vista, solamente un campo de lentejas.
«Después de él fue Sama hijo de Age, ararita. Los filisteos se habían reunido en Lehi, donde había un terreno lleno de lentejas; y el pueblo había huido delante de los filisteos. Pero él se paró en medio de aquel terreno, y lo defendió, y mató a los filisteos; y Jehová dio la victoria grande.» 2 Samuel 23:11-12
¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.
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Por Admin

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