Por Rodin
Salir de casa con tiempo ya no garantiza llegar puntual al trabajo en la zona metropolitana de Monterrey. Entre las filas de vehículos, las obras demoradas y la espera del transporte público, cualquier recorrido puede convertirse en una preocupación. Y al terminar la jornada viene lo mismo de regreso. A veces parece que la hora pico ya dura casi todo el día.
Lo preocupante es que nos estamos acostumbrando a organizar la vida alrededor del tráfico: levantarnos más temprano, salir con mayor anticipación y aceptar que llegaremos a casa cuando apenas queden ganas de cenar y dormir. Ese tiempo sale del descanso y de la convivencia familiar. No debería parecernos normal.
Ante este problema, el gobierno y algunas empresas han impulsado los horarios escalonados para distribuir mejor las entradas y salidas del personal. La medida tiene sentido, pero su existencia no basta. Hace falta saber hasta dónde se está aplicando, qué resultados ofrece y por qué sus beneficios todavía no se traducen en un alivio más amplio para quienes recorren la ciudad todos los días.
Si los beneficios se concentran en algunos corredores, hace falta ampliar la coordinación. Si hay ajustes que no están funcionando, corresponde corregirlos. Lo que sería un fracaso es dar por atendido el problema porque ya hubo reuniones, fotografías y compromisos.
Aquí tienen una tarea conjunta las autoridades de Movilidad, Economía y Trabajo, los municipios y las organizaciones empresariales. Una estrategia de este tamaño necesita responsables, seguimiento y fechas para evaluar sus resultados.
También cabe preguntarle al secretario del Trabajo, de apellido Rojas, dónde está poniendo sus prioridades. Preocupa que la proyección política termine ocupando el tiempo que debería dedicarse a estas gestiones. Quien aspire a otro cargo tiene primero la obligación de dar resultados en el que ocupa. Los trabajadores necesitan acuerdos que les ayuden a vivir mejor.
Los empresarios, por su parte, deben revisar hasta dónde pueden flexibilizar sus operaciones. La puntualidad y el rendimiento también dependen de las condiciones en que llega el personal. Pedirle que salga cada vez más temprano de su casa tiene un límite.
Por supuesto, una fábrica, un hospital, un comercio y una oficina no funcionan igual. Los horarios deben organizarse por zonas y actividades, considerando también escuelas, transporte público y dependencias gubernamentales. Mover la entrada de una empresa sin revisar lo que ocurre alrededor puede simplemente trasladar el congestionamiento a otra hora.
Y hay que escuchar a los empleados. Adelantar un turno cuando todavía no pasan los camiones o no han abierto las guarderías puede complicarles más la vida. El ajuste debe reducir el desgaste, respetar la jornada y permitir una mejor organización familiar.
También merecen reconocimiento los programas de transporte que han puesto en marcha algunos alcaldes para facilitar los traslados de sus habitantes. Son esfuerzos que conviene fortalecer y coordinar con las rutas existentes y los horarios laborales, para que su utilidad sea mayor.
No espero que los horarios escalonados resuelvan por sí solos la movilidad de del área metropolitana de Monterrey. Sí espero que se apliquen con seriedad, que se amplíen donde sean útiles y que sus resultados puedan comprobarse.
El gobierno y los empresarios deben pasar de los acuerdos anunciados a una coordinación que se sienta en la calle. La medida del éxito será el tiempo que las personas recuperen para descansar, convivir con sus hijos y llegar a casa con algo de energía.
Porque ese tiempo también vale, aunque no aparezca en los informes.
rodin2511@hotmail.com
