Luz María Ortiz Quintos
Las lluvias de ayer, además de dejar una gran cantidad de agua, lo cual permitió nuevamente la apertura de las compuertas de la presa; nos aseguran, por cierto, que no enfrentamos una crisis de agua en nuestro estado.
Sin embargo, también evidenciaron la falta de drenaje pluvial, el exceso de basura y la mala planeación en la construcción de avenidas que terminan acumulando el agua como si fueran albercas.
Aprovechamos esta oportunidad para recordar el valor de la palabra. A todos los candidatos que hoy son funcionarios; no olviden sus promesas, sus compromisos de campaña.
Las palabras no se las lleva el viento. No es la primera vez que vemos a Monterrey y su área metropolitana en estas lamentables condiciones.
Retomemos lo mejor del pasado, haciendo un mejor trabajo al incorporar lo nuevo.
Antes, la palabra era ley; era un compromiso de honestidad y una promesa cumplida.
Sin embargo, en esta modernidad muchos hemos olvidado lo que significa honrar nuestra palabra.
A veces, no cumplimos por falta de seriedad, de compromiso o simplemente por no dar la debida importancia a lo que dijimos que haríamos.
En otras ocasiones, lo que prometemos no depende totalmente de nuestra voluntad.
Lo mejor es hacer un compromiso personal; hablar y comprometerse sólo con lo que realmente está en nuestras manos.
También quiero reconocer una acción ciudadana digna de admiración, la solidaridad y empatía de un grupo de empleados de una agencia automotriz ubicada en la avenida Gonzalitos, quienes ayudaron a una señora que había quedado atrapada en su auto, en medio de la corriente de agua.
Las buenas acciones nos motivan a creer que es posible construir una mejor comunidad. En este caso, los empleados se organizaron y formaron una cadena humana para llegar al auto y rescatarla.
Tanto ella como ellos salieron sanos y salvos de la situación.
Bien por estos ciudadanos, que no lo pensaron dos veces para brindar su ayuda desinteresada