lun. Ene 12th, 2026

Gabriel Contreras 

Eran los años ochenta y el cine mexicano vivía momentos difíciles, de modo que alguien tuvo la idea de que mezclando los dramas de migrantes, sicarios y rancheros podría generarse un público sustancial.  

Así nació el Cabrito Western, basado en ideas sencillas, presupuestos limitados y actores en edad de jubilarse.

Hoy, se sabe de su existencia, pero se le mira por encima del hombro, un poco con desprecio y un poco con desdén. Pero ese legado sigue ahí, en cajas de cartón y rincones polvorientos.

Sin figurar hoy en museo alguno, el Cabrito Western fue un cine identitario, exitoso y apasionante para un público que supo aplaudirlo, apreciarlo y otorgarle un lugar en la memoria colectiva.

Por Admin

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