Por: Tribuna Noreste de M茅xico / Julio C茅sar Gonz谩lez Ornelas
Hay hombres que dejan una huella indeleble en sus seres queridos y en las personas que se cruzaron en el sendero de la vida, no por sus t铆tulos acad茅micos, sino por la magnitud de su entrega, su autenticidad y la calidez de su alma.
As铆 vivi贸 el Dr. Manuel Gonz谩lez Ceniceros: un hombre inteligente, profundamente humano y poseedor de una valent铆a inquebrantable para enfrentar los avatares de la vida con absoluta gallard铆a.
Gonz谩lez Ceniceros, fue alguien que entendi贸 que la vida se experimenta con intensidad. Vivi贸 a su manera, sin moldes ni pretensiones, con esa autenticidad genuina que solo los esp铆ritus libres poseen. Y como toda mente brillante, ten铆a el don de la alegr铆a; pose铆a un sentido del humor vibrante y una risa a carcajadas abiertas que iluminaba cualquier habitaci贸n, un eco de felicidad que siempre se quedar谩 grabado en nuestra memoria.
Su paso por este mundo estuvo marcado por dos grandes pasiones que ejerci贸 con maestr铆a y devoci贸n: el periodismo y la medicina.
Como periodista fundador y Jefe de Redacci贸n de Tribuna de Monterrey, plasm贸 su agudeza intelectual diariamente en su muy le铆da columna C贸ctel Pol铆tico. Su pluma era el reflejo de su mente despierta, anal铆tica y comprometida con su entorno.
Como m茅dico, su vocaci贸n no conoc铆a de barreras econ贸micas, sino era empat铆a pura. Especializado en Psiquiatr铆a y Acupuntura, el Dr. Manuel, no solo sanaba el cuerpo, sino tambi茅n la mente y el esp铆ritu.
Jam谩s olvidaremos su infinita nobleza cuando un paciente, agobiado, le confesaba que no ten铆a dinero para pagar la consulta. Con esa generosidad que lo caracterizaba, 茅l los atend铆a, les entregaba medicamentos de su propio bolsillo y les dec铆a con una sonrisa tranquila: “No te preocupes, luego si puedes me pagas”. Para 茅l, la medicina no era un negocio, era una misi贸n de amor y humanismo.
Por encima de sus notables logros profesionales, para nosotros fue, ante todo, un padre amoroso. Su gu铆a, su ejemplo de integridad y su amor incondicional marcaron nuestras vidas para siempre. Nos ense帽贸 a caminar con la frente en alto, a re铆r con ganas, a ser compasivos con el pr贸jimo y a defender nuestras verdades con valent铆a.
Hoy te recordamos, pap谩, no con la tristeza de la ausencia, sino con el orgullo inmenso de haber sido formados por un hombre de tu talla.
Tu risa sigue resonando en nuestros corazones, tu ejemplo vive en nuestras acciones y tu calidez humana permanece como una luz brillante que siempre nos guiar谩 en el camino de la vida.
Gracias por tanto, Don Manuel, su vida fue, es y seguir谩 siendo siempre nuestro mayor orgullo. Testimonio vivo de que un padre no se mide por su presencia, sino por lo que entrega dejando un legado que compartimos quienes tuvimos la dicha de llamarle pap谩.
“El anhelo compartido de tus hijos, y el m铆o es el d铆a de volverte a ver, abrazarte, y tomarnos un caf茅 para recordar esas charlas por la tarde, d贸nde el tiempo se deten铆a”. Julio C茅sar Gonz谩lez Ornelas.