En la historia de Jesús había 10 leprosos y recordarlos me lleva a pensar que de cara a la muerte o en medio de una crisis, no hay distinción de edad, sexo, clase social o preferencias. Cuando todos vieron a Jesús pasar, todos alzaron la voz reconociendo que Él los podía ayudar. Todos. Unidos. Con un mismo fin.
¿Cómo alzamos nuestra voz el día de hoy?
Si queremos un cambio en nuestras vidas, tenemos que cambiar la forma en que nos expresamos y nos dirigimos a Dios.
Estos leprosos estaban enfermos, eran repudiados, anhelaban que reconocieran sus derechos y alguien sanara sus heridas, y aunque alzaron la voz no pidieron justicia para su enfermedad, ni para todos los que los ignoraron, ni para las autoridades ni el pueblo que los hicieron pasar vergüenza por sus padecimientos: ellos pidieron misericordia.
¡Ten misericordia de nosotros!
Si crees que es necesario levantar la voz para que alguien te escuche hoy, que sea con un corazón humilde, que reconoce la necesidad.
Levantemos hoy nuestra voz, clamemos a Jesús: ten misericordia de nosotros ¡cambia nuestra condición! ¡sana nuestras heridas! ¡quita nuestra vergüenza! ¡sálvanos a todos!
Jesús no va a cambiar nuestro pasado, pero tiene todo el poder para cambiar nuestro futuro.
Misión: Levantar mi voz con humildad para que Jesús me ayude.
Oremos unidos y levantemos nuestra voz, con un corazón humilde, al Señor, y pidámosle que tenga misericordia de nosotros y veremos el cambio que necesitamos.
Y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros! Lucas 17:13
¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.
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