Eleazar Fuentes Gutiérrez
En la época del PRI, lo que muchos analistas políticos llamaron la “dictadura perfecta”, el poder estaba centralizado. A nuestro país le costó décadas construir contrapesos y órganos autónomos que limitaran ese control.
No existía el INE como hoy lo conocemos; en los noventa se creó el IFE, y con ello se dio un paso fundamental: quitarle al gobierno el control de las elecciones. No fue menor. Por primera vez, el propio sistema permitió que el PRI perdiera la Presidencia.
Es decir, los contrapesos no surgieron por casualidad; surgieron porque el país entendió que el poder no puede vigilarse a sí mismo.
Hoy, ese modelo está cambiando. La eliminación del INAI durante los gobiernos de la Cuarta Transformación ha abierto un debate legítimo: ¿se están debilitando los contrapesos institucionales?
Más allá de la discusión nacional, en Nuevo León este tema ya llegó.
El Congreso había procrastinado ese tema. El gobierno de Nuevo León manda una queja a la Suprema Corte, y hacen un llamado de atención al Congreso para que legisle.
Y el organismo que se encarga de transparentar los datos e información del gobierno de Nuevo León ahora ya no sea autónomo, sino que el mismo gobierno la controle.
En términos simples: sería como si el árbitro fuera parte del mismo equipo.
Hay quienes consideran que este modelo puede ser más eficiente. Otros ven un riesgo evidente. Cada postura tiene su argumento.
Pero, bajo mi análisis, lo que estamos viendo es una tendencia clara: una mayor concentración del poder, particularmente en el control del acceso a la información.
Y cuando el poder controla la información, también controla la narrativa.