Óscar Tamez Rodríguez
México se ha radicalizado como no se veía desde los años 80´s. Cuando la oposición sintió fortalecerse y el partido en el poder se debilitaba ante la imagen mundial.
La democracia no surgió por generación espontánea, es un logro alcanzado en más de 90 años en lucha por parte de las fuerzas políticas y la politización de los ciudadanos.
Gracias a los avances en la sociedad mexicana y a que se entendieron los cambios mundiales; la mujer accede al voto en la reforma constitucional de hace 70 años, luego hace 60 años surge la representación proporcional. Hace 5 décadas las reformas fortalecen los partidos de minorías y aparecen reformas político electorales incluyentes a los jóvenes.
Para la última década del siglo XX eran insostenibles los resultados electorales, por ello se ciudadaniza la autoridad electoral, surge el tribunal electoral autónomo y se impulsa la democracia semidirecta.
La radicalización siguió su ruta, el PRI por un lado, el PAN por otro y la naciente fuerza real de la izquierda impulsaba el socialismo soviético. Por momentos hubo estancamiento en la política, se recurrieron a prebendas, arreglos turbios y negociaciones oscuras para avanzar en acuerdos político-legislativos.
Con ello se vive la degradación en las fuerzas políticas, el PRI va perdiendo espacios que gana el PAN pero éste termina con vicios similares a los criticados desde la oposición; la izquierda cobra fuerza en las figuras de Cuauhtémoc Cárdenas y Andrés Manuel López, el último con opacidades en su gobierno del DF.
Nada contuvo que las fuerzas políticas se agruparan en los extremos de las ideologías, el PAN en la orilla derecha, el PRI termina por definirse “pragmático”, el PRD se merma para dar cauce a Morena quien se apodera de la orilla izquierda.
Gana la izquierda radical por vez primera la presidencia del país en 2018, para algunos fue sorpresa que lejos de buscar los medios, el gobierno federal se radicalizó en la orilla socialista de la izquierda.
Al gobernar aplicó la política del miedo acompañada de la vieja práctica filosófica de dividir al mundo en buenos y malos conforme a su propia escala de valores, nada diferente a un dogma intransigente.
En ese punto nos encontramos los mexicanos al arribo de marzo del 2023; en la aplicación de la política del miedo que divide en buenos y malos a los mexicanos, donde según la escala de la 4T, los buenos son los que dan limosna al pueblo con dinero del mismo pueblo y los malos son quienes se esfuerzan por tener mejores condiciones de vida, la clase media y el sector productivo.
Urge regresar a los puntos medios, la democracia no sobrevive en los extremos, ni la extrema derecha o la extrema izquierda son democráticas; la primera se vuelve fascista y la segunda dictadura, ambas son iguales.
Antony Giddens propuso la tercera vía que a fines del siglo XX puso en práctica Tony Blair en Gran Bretaña. La iniciativa consiste en reconocer bondades en las políticas públicas propuestas por los adversarios frente a los problemas sociales.
La solución para México puede estar en la tercera vía de la democracia. Donde un político, partido o coalición se atrevan a reconocer que en la izquierda socialista de la 4T hay bondades, como las tiene el liberalismo de mercado planteado por la derecha.
La política mexicana demanda de proyectos sociales, humanitarios, sostenibles y productivos, todo eso en una misma política públlica. Que haya progreso con respeto al entorno y la vida humana, necesitamos empresas con respeto al medio ambiente y salarios dignos.
La solución es fácil: una tercera vía.