vie. May 24th, 2024


Raúl Guajardo Cantú
Vivimos tiempos de campañas electorales, son tiempos en los cuales las actividades propias de los gobiernos se suspenden, aunque no deberían, para que los actores de los diferentes grupos se dediquen a buscar el voto que los lleve nuevamente a algún puesto de elección popular.
Si de por sí estos periodos son turbulentos, el hecho de que los grupos del crimen organizado intervengan buscando afianzar sus zonas de control, en tanto que otros grupos delincuenciales que buscan ampararse en ese ámbito aunque no formen parte de él aprovechan para medrar rentas en diferentes zonas geográficas, como el cobro de piso, hacen que las cosas pinten peor de lo que deberían. Los secuestros masivos son una muestra de esto y desgraciadamente ya llegaron a nuestra entidad.
En Nuevo León, seguramente durante lo que resta del año ya no tendremos acceso a nuevos satisfactores, a nuevos o mejores servicios públicos, porque quienes dirigen los equipos o andarán en campaña o estarán a la expectativa de lo que pueda suceder cuando uno u otro sea ganador de las distintas contiendas. A lo más que podemos aspirar, es a que durante el tiempo de las campañas, servicios como el agua no sean recortados debido al peligro que ello representa para los políticos que osaran hacerlo.
Lo peor es que para cuando las nuevas administraciones locales tomen posesión de sus cargos, los presupuestos se habrán agotado o solamente quedará aquello destinado al pago de salarios y prestaciones, no más o poco más.
Algunas de las obras controvertidas en materia de vialidad en nuestra capital, seguramente serán echadas para atrás en caso de que gane un partido distinto al naranja, o inclusive si gana este partido, ya que varias arterias principales de la ciudad se han visto afectadas por estas obras precisamente en lo referente a la vialidad, uno de los principales objetivos de mejora en el plano estatal.
Pero los tiempos son confusos, además, porque ya no se sabe quién es quién en los partidos políticos, los principales actores, salvo algunas excepciones, saltan de un instituto político a otro como si estos fueran intercambiables, como si todos propusieran lo mismo, como si sostuvieran los mismos valores. Como decía un comentarista deportivo en tono de burla cuando un equipo cometía un error garrafal: “ya no hay moral”.
Precisamente por este tipo de situaciones es por lo que, como ciudadanos, tenemos el compromiso de asumir una racionalidad en nuestro voto, elegir a aquellos quienes han mostrado un mejor desempeño en su carrera, es cierto, no hay políticos perfectos, pero por lo menos debemos elegir al menos malo. Eso sería un avance.

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