mié. May 22nd, 2024

Gerson Gómez Salas

Cuatro años más de bonanza. Desde la publicación de la convocatoria para la elección a rector de la UANL.

Dicta la tradición no escrita. Repetir solo es mera formalidad. El Dr. Santos Guzmán, jerarca del alumnado y los trabajadores, inscribirá su postulación.

Lo hará llevado por todos aquellos beneficiarios. Los directores de las facultades, las mesas directivas de bachillerato y carreras, además del sindicato, hacen cita con los asistentes ejecutivos para confirmar la providencia y la unidad.

Guzmán, quien, en su primer año, sacudió algunos espacios y negoció con personajes caídos en desgracia, para no procesarlos de manera penal.

Lo hizo llevado no por la bonhomía ni para serenar las siempre agitadas aguas. Mantener la unidad tiene un precio. La sociedad del cuadro chico, del primer círculo, de forma sistemática y prudente, ampliaron construcciones, otorgaron plazas y jubilaron a muchos de quienes no comulgaban con la manera de hacer política universitaria.

A Santos Guzmán le corresponde ahora, pagar los favores a futuro. Quienes en tres años delante, harán de la UANL los negocios al amparo y con la venia del gobernador en turno.

Los más de 200 mil alumnos matriculados verán pasar la costumbre añeja de los posibles rectores para el 2028.

Continuará tal vez el área médica, quizá. Tal vez, por su peso en cantidad, la Facultad de Ingeniería Mecánica, busque recobrar el control si logra cerrar filas con la junta directiva universitaria, además de los directores desplazados.

Viva Santos Guzmán, rector por reelección. Eso le asegura contar con la pensión efectiva y jugosa.

Olviden el estadio nuevo para los Tigres. Ese proyecto es inviable por su costo y porque a Sinergia Deportiva, le excede en el precio de inversión de CEMEX. No le es factible ni redituable en ninguno de los terrenos universitarios o anexos al antiguo campo militar.

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