lun. Jun 17th, 2024

Por Gerardo Guerrero

En la noche del 14 de mayo de 2024, la escena política de Monterrey se convirtió en un escenario al estilo de la antigua Grecia. Los cinco candidatos a la alcaldía, cada uno más pintoresco que el otro y cual personajes de un drama cómico escrito por el comediógrafo Aristófanes o por Eurípides precursor de la tragicomedia, se enfrentaron en un debate que fue una mezcla de sátira, burla e ironía, aderezado con unas pocas “propuestas y estrategias” ¡sí, claro!, para mejorar la querida ciudad de las montañas.

El héroe: Adrián de la Garza Santos

Tomando el papel del héroe protagónico, Adrián de la Garza, el candidato de la coalición ‘Fuerza y Corazón por Nuevo León’ (PRI-PAN-PRD) , se presentó como el salvador de la Sultana del Norte, todo un Chuck Norris. Él es una cara familiar para la mayoría de los regiomontanos, pues esta es su tercera ocasión contendiendo por la alcaldía de Monterrey. Con su discurso de siempre, prometió combatir la inseguridad, mejorar la economía y generar oportunidades para todos los regiomontanos. ¿Te suena? ¡Todo un clásico! ¿Verdad?

La doncella: Mariana Rodríguez Cantú

Mariana Rodríguez, candidata de Movimiento Ciudadano y esposa de Samuel García, actual gobernador de Nuevo León, encarnó el papel de la doncella virtuosa (sí, sarcasmo al máximo). Ella ganó notoriedad en las elecciones de 2021 al tener un papel activo en la campaña de su esposo hacia la gubernatura. Su discurso, como un cuento de hadas, se centró en temas sociales como la inclusión, la defensa de los derechos de las mujeres y la protección del medio ambiente. Ah, ¿alguien sabe dónde quedó el carisma y la elocuencia que muestra en TikTok?

El bufón: Adalberto Arturo Madero Quiroga

Adalberto Madero “Maderito”, es el candidato del Partido Esperanza Social Nuevo León, aportó la dosis de humor al debate. Con un estilo desenfadado y sarcástico, criticó a sus oponentes y lanzó propuestas poco convencionales, que nadie más se atrevería a tomar en serio, buscando así captar la atención del público con su peculiar personalidad.

El inocente: Mauricio Cantú González

Mauricio Cantú, la apuesta de Morena para contender por la alcaldía de la capital industrial del país. Asumió el rol del personaje novato. Su discurso, quedó marcado por titubeos y falta de sustancia. Representó al inexperto que todavía tiene mucho que aprender antes de ser tomado en serio. Por cierto, alguien tiene su número de celular, necesito preguntarle urgentemente en qué tortillería está el kilo a $7.

El mártir: Patricio Eugenio Zambrano de la Garza

Patricio Zambrano, alias “Pato”, es el representante del Partido Vida Nuevo León, quien asumió el papel del mártir. Sus intervenciones se enfocaron en denunciar la corrupción y la impunidad que han aquejado a Nuevo León durante años, presentándose como la única opción para un verdadero cambio. ¿Será que ya maduro?

Un final abierto

Al igual que en las obras griegas, el debate regio dejó un final abierto a la interpretación del público. Cada candidato tuvo algunos momentos de gloria y muchos de flaquezas o ridiculez, dejando a los ciudadanos la ardua tarea de decidir quién será el protagonista de la próxima historia de Monterrey.

Más allá de las máscaras

Más allá de las caracterizaciones arquetípicas, el debate también permitió observar las diferentes visiones que cada candidato tiene para el futuro de la ciudad. Ofreciendo a los regiomontanos un panorama de las distintas opciones que tienen para elegir a su próximo alcalde. Por cierto, las propuestas en materia de seguridad, economía, educación y salud fueron escasas, por no decir inexistentes.

Una llamada a la reflexión

El debate regio, al igual que las tragedias griegas, nos invita a la reflexión. Nos obliga a cuestionar el rumbo que queremos tomar como sociedad, a analizar las propuestas de nuestros “líderes” y a tomar una decisión informada en las próximas elecciones.

En definitiva, el debate del 14 de mayo fue un ejercicio democrático fundamental, un paso más en la búsqueda de un futuro mejor para Monterrey. Un futuro que, como en las mejores obras griegas, tendrá sus momentos de comedia y tragedia, pero que esperamos culmine con un final heroico para la capital del estado.

P.D. En la antigua Grecia, la tragicomedia pura como la entendemos hoy en día simplemente no existía, al igual que no había debates políticos como los de ayer., lo que vimos, más bien, fue un espectáculo digno de una tragicomedia contemporánea, actuaciones grandilocuentes, diálogos memorizados con promesas más falsas que un billete de tres dólares, gestos rebosantes de desdén, actitudes de cinismo, ironía y sarcasmo, y unas posturas más acartonadas que un maniquí en una tienda de ropa de lujo. Todo un espectáculo de falsedad y exageración para el público ávido de entretenimiento político.

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