sáb. Jun 22nd, 2024

Gerson Gómez Salas

Acostumbrados al sonar de las hélices de los helicópteros. Al ulular de las patrullas. Existen zonas en las urbes donde el crimen organizado gobierna.

Lo hace con la displicencia de tres órdenes de gobierno.

En un país donde la policía gana mejor sueldo a los maestros. Marcas rojas donde impera la ley de la selva. El tránsito de narcóticos es el dutty free. Casas en barrios con difícil movilidad.

Trabajo abunda. Narcotiendas belicosas. A todo galope la música de aquellos hijos de la necesidad. Peso Pluma, Carin León, Gabito y la palabra empeñada de cuidar la mercancía a costa de vidas.

Cada municipio o alcaldía, delegación o barrio, conoce al bateador. También a las mujeres del narco. Aquellas esperanzadas en tunear sus figuras. Usan las redes sociales para manejar el perfil de la locura.

De entrada, a la tercera ola de calor en el país, los estudios sociológicos demuestran el incremento de violencia. Para quienes la vida vale poco, la diversión de la carne, al apropiarse del vehículo caliente.

El respeto se gana con sangre. Al barrio bravo, los choferes de aplicaciones de movilidad, a ciertas horas no prestan servicio.

Quienes lo hacen conocen la posibilidad del encontronazo entre los grupos de distribuidores. Zona roja ya no es donde las mujeres venden su cuerpo. Nuestro cuentometro nacional de despedazados, ejecutados o desaparecidos sigue a las manecillas de reloj de los criminales.

Alineados o no, los vecinos se encierran. Por las ventanas, las unidades tránsfugas de la promesa de justicia.

Se alza el termómetro mientras humean las factorías. En unas horas más sabremos la cantidad tentativa de defunciones. El negocio sigue en boga. Los candidatos a puestos de elección popular se cuadran ante sus verdaderos patrones.

Por Admin

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