sáb. Jul 13th, 2024

Ayer día del Padre, vi una imagen de un varón atravesando su brazo para detener el golpe de un bate de beisbol que salió disparado hacia las gradas y que iba a golpear en la cara a un niño distraído mientras las mujeres alrededor intentaban cubrirse, y me conmovió en gran manera.

Vi esa mano poderosa, y ese brazo extendido, fuerte y valiente, así como el Señor sacó a su pueblo de Egipto y nos rescató a nosotros de la esclavitud.

Vi ese pequeño, como nuestros hijos, o aún nosotros mismos, que muchas veces no nos damos cuenta del peligro que se nos avecina, y que Dios, y también nuestros padres, detienen para que no salgamos dañados.

Vi esas señoras que se escondieron detrás de los varones, y me vi a mí misma también, refugiándome en la sombra de mi Padre y de mi marido.

Vi esos hombres que metieron las manos para defender a otros del peligro, igual que lo hace nuestro papá, hermanos o amigos.

Vi la conformación física que Dios ha dado al varón para que pueda atravesar su cuerpo y con su fortaleza, sea un escudo para nosotros.

Vi la importancia de que cada uno asuma su posición en la familia.

¿Por qué lo note?

Porque cuando mi esposo ha tenido que salir de casa, quien ha tenido que meter las manos y recibir los golpes de la vida he sido yo, y si yo no estoy, entonces los recibirán mis hijos sin saber por dónde vinieron.

Papá: cuando tú no estás presente en tu familia, es tu esposa y tus hijos quienes están vulnerables, y quienes reciben los “trancazos”.

Papá: Dios te dio poder, autoridad, fuerza y una constitución genética para proteger a los tuyos.

Papá: si tú no defiendes la casa, aunque mamá haga todo lo posible, nunca podrá suplirte.

Terminé de ver la imagen con los ojos llenos de lágrimas, viendo lo que Dios ha hecho por mí y mis hijos, lo que mi padre, mi suegro, mi esposo, mi hermano y mis cuñados han hecho por nosotros y sus respectivas familias; y entonces abracé a mi marido, lo llené de besos y le di gracias a Dios por tenerlo a mi lado y por poner tantos ejemplos de su amor y cuidado a mi alrededor, para que yo no me vuelva a sentir vulnerable nunca jamás en la vida.

Entonces mi marido extendió su brazo, igual que el de la foto, fuerte y lleno de cariño, y me abrazó, me besó y me recordó lo dulce que es el amor de Dios entre los dos.

Ayer no pude escribir por la emoción, pero hoy se las comparto, bendigo a Dios por extender su brazo sobre mí, a mi papá, a mi suegro, a mi hermano y cuñados, pero sobre todo, bendigo a mi marido.

¡Feliz día del Padre!

Por Admin

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