Luz María Ortiz Quintos
Hoy se conmemora el Día Internacional contra la Violencia y el Acoso Escolar
A pesar de los esfuerzos para prevenir casos de acoso y violencia en los centros educativos, las situaciones continúan en aumento.
Este problema debe atenderse desde la raíz, pues la violencia se vive y se aprende dentro del hogar.
La falta de educación emocional, de autoconocimiento, de manejo de las emociones y de dominio propio desencadena, en muchos casos, pérdida de control y conductas violentas.
La violencia comienza con las palabras: con la ofensa, la humillación y el trato despectivo u ofensivo con que una persona (el agresor) se dirige a otra (la víctima).
Como personas adultas, no siempre somos conscientes de la forma en que tratamos o nos comportamos con los demás.
Las peleas entre los padres, los gritos, las maldiciones y el abuso de autoridad en el hogar se reflejan en las conductas que los niños y adolescentes replican en la escuela.
La violencia es como un virus: se transmite de persona a persona y de generación en generación.
La falta de respeto, de cuidado y de trato amable son entornos en los que crecen muchos menores, y también donde crecieron muchos adultos que hoy reproducen esas mismas actitudes.
Es necesario reconocer y aceptar si somos personas agresivas o violentas.
Trabajar en lo personal, pedir ayuda profesional y sanar heridas son pasos fundamentales para mejorar el comportamiento y la forma en que nos relacionamos con los demás, empezando siempre por nuestra familia.
Existen trastornos psicológicos, como el narcisismo, que llevan a algunas personas a disfrutar del sufrimiento ajeno.
En muchos hogares, la violencia no solo ha sido verbal, sino también física, dejando huellas emocionales profundas.
Por eso, aprender a convivir y relacionarnos sanamente es una forma de educación que debe priorizarse en el hogar.
El consumo de drogas es otro factor que altera el comportamiento humano, destruyendo tanto al individuo como a su entorno.
Hoy, al recordar esta fecha y reflexionar sobre un problema que sigue creciendo, tenemos una oportunidad para mirarnos hacia adentro:
hacer un autoexamen honesto, evaluar nuestros propios niveles de trato violento o agresivo, y reconocer si es necesario buscar ayuda profesional para erradicar cualquier forma de violencia.