Leer la historia de Abraham, el padre de la fe, me tiene muy intrigada; hay muchos aspectos y detalles de su vida que tocan mi corazón y hablan a mi alma y espíritu.
Por ejemplo, cuando Dios le da la promesa de descendencia y tierra, le manda a recorrerla geográficamente, pero la Escritura nos advierte que estaba ocupada por cananeos (que eran violentos, caóticos e idólatras)
Así Dios nos da promesas y nos dice que las conozcamos y las recorramos, y debemos ser conscientes que en las promesas hay actitudes, hábitos, costumbres y modos que debemos erradicar, conquistarnos a nosotros mismos y limpiar la zona, entonces podremos poseer la promesa.
Si Dios te dio una promesa de sanidad, ¿cuántos cananeos hay en ti? El cananeo puede ser el mal hábito alimenticio, la falta de ejercicio, los vicios….
Si Dios te dio una promesa de descendencia a su servicio, ¿cuál es tu cananeo? ¿La falta de disciplina, la incredulidad, la rebelión?
Y así, en tu promesa hay un cananeo que no se va a ir voluntariamente, que tienes que sacar de ahí y que se va a resistir; por ejemplo, yo tengo unos cananeos como el pan y los refrescos que están bien arraigados (y hay muchos otros más), pero que ¡tengo que sacar urgentemente! ¿Qué tal tú?
Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem, hasta el encino de More; y el cananeo estaba entonces en la tierra. Génesis 12:6
¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.
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