Gerson Gómez
Come gather ‘round people, wherever you roam…suena en los altavoces del Capitolio mientras un hombre de 82 años arrastra los pies hacia el podio. La Biblia pesa más de lo habitual. Tal vez son las manos, hinchadas, moradas, las mismas manos fotografiadas por USA Today en junio de 2026 cuando el mandatario cumplió 80 y el mundo se preguntó si llegaría a los 81.
Llegó. Y quiere más.
Antes de la ficción, hablemos de la realidad, esa cosa incómoda.
El PIB creció un raquítico 2.1% en 2025 y se estancó en el mismo número durante el primer trimestre de 2026. Forbes reportó en febrero de 2026 la caída del ahorro personal al 3.6% del ingreso disponible.
El colchón financiero del estadounidense promedio adelgazó hasta convertirse en una servilleta usada. El Economic Policy Institute documentó cómo los recortes fiscales republicanos de 2025 favorecieron al 1% más rico mientras los ingresos de la mitad inferior de los hogares se desplomaron. La desigualdad pegó un salto obsceno, de esos visibles desde el espacio.
Wall Street se agria. Un 54% de los antiguos simpatizantes del presidente en el sector financiero declararon a Forbes en abril de 2025 su fracaso en la ejecución del plan económico. El mercado laboral se contrajo: la contratación casi desapareció, el desempleo creció, los salarios bajaron. Fortune tituló en agosto de 2026. La IA es buena para el crecimiento pero mala para los salarios.
Traducción: los robots comen, tú no.
La confianza del consumidor se hundió a 54.40 puntos en julio de 2026 según la Universidad de Michigan, un 11% por debajo del año anterior. El Conference Board marcó 90.8, territorio de recesión emocional. El 52% de los consumidores citó el costo de vida como su preocupación dominante. Bares, boleras y cines cerraron porque nadie puede pagarlos. Los estadounidenses se quedaron sin lugares para reunirse. McKinsey lo confirmó: la gente no prospera, sobrevive.
“The times they are a-changin'”canta Dylan. Pero hacia abajo.
Ahora viene la ficción. O no.
El presidente 47, también conocido como el 45, porque la numerología americana ya perdió toda lógica, ha mencionado un tercer mandato al menos 15 veces desde 2024. No siempre en broma. La Enmienda 22 dice con claridad meridiana.
Ninguna persona será elegida para el cargo de Presidente más de dos veces. Pero las palabras, en esta era, son plastilina.
En enero de 2025, el representante Andy Ogles de Tennessee propuso una resolución para enmendar la Enmienda 22, permitiendo un tercer mandato a presidentes con términos no consecutivos. Solo un presidente vivo cumple esa condición. Coincidencia cósmica.
Steve Bannon declaró en febrero de 2026. Va a ser Presidente en 2028, y la gente debería acostumbrarse. Propuso desplegar agentes de ICE y tropas militares en las casillas electorales para las elecciones intermedias, algo prohibido, pero la ley federal últimamente parece una sugerencia amable.
Rick Wilson, ex estratega republicano, detalló en agosto de 2026 el marco legal con el cual los aliados del presidente buscarían garantizar su candidatura en 2028. Los expertos constitucionales lo llaman una violación sin precedentes. Los aliados lo llaman voluntad del pueblo.
Es noviembre de 2028. Las cortes han sido impugnadas, todas. La Suprema Corte, remodelada durante el segundo mandato, falla 5-4 a favor de una interpretación evolutiva de la Enmienda 22.
El argumento: la enmienda prohíbe ser elegido más de dos veces, pero no prohíbe servir si el pueblo así lo demanda mediante un referéndum no vinculante convertido en vinculante por decreto ejecutivo.
Absurdo. Pero el absurdo ya ganó dos elecciones.
¿Ganaría la tercera? Las encuestas de Reuters/Ipsos de febrero de 2026 mostraron al 61% de los estadounidenses convencidos de un comportamiento cada vez más errático. Una mayoría expresó preocupación por su temperamento y agudeza mental. Pero ganar elecciones nunca requirió cordura, solo requirió el Colegio Electoral y un par de estados indecisos con memoria corta.
Gana. Por supuesto. En esta ficción y probablemente en la realidad, porque América es adicta a su propio veneno.
Ningún mandatario ha asumido la presidencia a los 82 años. Reagan tenía 77 al salir. Biden abandonó su campaña a los 81 porque el deterioro era inocultable. Pero el presidente 50 no abandona nada, ni siquiera la realidad.
En agosto de 2026, un confidente cercano declaró a Andrew Neil: Donald se está deteriorando ante nuestros ojos. Piernas hinchadas. Manos amoratadas. Somnolencia en reuniones. El 61% del país lo percibe más errático con la edad. Múltiples encuestas de mayo de 2026 mostraron una mayoría convencida de su falta de aptitud mental para gobernar.
Ahora sumemos dos años más. A los 82, el presidente 48 juraría el cargo con un teleprompter en letra tamaño 72 y un equipo médico detrás del cortinaje. La pregunta no es si terminaría el mandato. La pregunta es si el mandato lo terminaría a él.
El famoso Día de la Purga esa fantasía cinematográfica donde toda violencia es legal por 12 horas dejaría de ser ficción. No por decreto, sino por omisión. Una administración incapaz de gobernar es un gobierno incapaz de contener.
Fortune reportó en agosto de 2026. El mercado laboral podría volverse tan retrógrado como para necesitar destruir empleos y mantener estable el desempleo. Cuando la economía expulsa a la gente y la política la ignora, la calle se convierte en corte. El parlamento de la calle no tiene reglas de procedimiento.
Habría insurrección. No la sedición con cuernos de bisonte y selfies del 6 de enero. Una rebelión real, de hambre, de desesperación, de 99% contra el 1% en un país donde los bares cerraron porque nadie puede pagar una cerveza de 14 dólares.
La guerra con Irán ya lleva cinco meses en agosto de 2026. El Estrecho de Ormuz permanece cerrado. La gasolina se disparó. Fortune reporta negociaciones eternas otro acuerdo inminente, mientras los precios devoran el bolsillo del ciudadano común.
Un presidente 48 a los 82 años, con deterioro cognitivo documentado por sus propios aliados, tendría el maletín nuclear. La doctora Prudence Abraham lo resumió para The Independent. Pobre control de impulsos, agresión implacable hacia enemigos percibidos, insomnio. Ahora denle el botón nuclear.
¿Nuevas guerras? China por Taiwán. Rusia consolidando Ucrania. Irán expandiéndose. Y un comandante en jefe dormitando en la Situation Room mientras Dylan canta de fondo: Masters of war, I’ll stand over your grave ‘til I’m sure that you’re dead…
Europa se distanciaría, ya lo hizo. Asia negociaría bilateralmente sin Washington. América Latina miraría con esa mezcla de horror y familiaridad, nosotros ya tuvimos nuestros caudillos eternos, nuestros Stroessner, nuestros Díaz. El mundo pensaría lo mismo de siempre. América finalmente se convirtió en lo mismo contra lo cual predicaba.
La democracia más vieja del mundo moderno, gobernada por su presidente más viejo, impugnando sus propias reglas, dormitando sobre el botón rojo.
Knock-knock-knockin’ on heaven’s door…No es metáfora. Es pronóstico médico.
El presidente 48 no terminaría su mandato. Lo terminaría JD Vance, el heredero silencioso, el vicepresidente convertido en regente de un imperio en llamas. América despertaría una mañana de 2031 preguntándose cómo llegó ahí, con la economía en cenizas, la Constitución en terapia intensiva y Bob Dylan, de 87 años, inmortal, inexplicable, todavía de gira, cantando para nadie y para todos.The answer, my friend, is blowin’ in the wind.
El viento ya no sopla. Solo queda el silencio de un país demasiado viejo para recordar lo joven y libre alguna vez fue.