
Charlas de taberna
Marcos H. Valerio
El béisbol sigue siendo uno de los deportes más arraigados y queridos en México. Y en estos días, en los campos de la Liga Olmeca, esa pasión se multiplicó por mil. Bajo el sol y el ritmo de la Marcha de Zacatecas, se llevó a cabo la 5ª edición del Torneo Diamante Inclusivo, categoría Challenger. Un encuentro que no solo reunió pelotas y bate, sino cientos de corazones jóvenes, familias enteras y un mensaje poderoso: El deporte no conoce barreras.
Desde temprano, el ambiente se llenó de aplausos, abrazos y lágrimas de orgullo. Con el himno de Zacatecas como telón de fondo, desfilaron los equipos que hicieron historia:

Primero entraron los Rojitos de Atocan, de Nextlalpan, Estado de México, acompañados por la familia Varela. Detrás, los Grandes de Aracan, de Cuautitlán Izcalli y la Liga Cananea, guiados por su profesor Hugo Villanueva. Luego, los Guerreros de la Liga Anáhuac, con la profesora Olimpia Suárez González al frente. También sonó fuerte el aplauso para la Liga Petrolera y su profesor José Soriano.

Y, finalmente, el equipo anfitrión: los Ángeles de Olmeca Soy, con el profesor Santiago Paula, quienes recibieron la ovación más cálida de la jornada.
Moises Corona, junto a los invitados especiales, dirigió palabras que tocaron el alma. Agradeció a cada jugador, pero sobre todo a los padres de familia y a los maestros que, día tras día, cargan con la ardua y hermosa tarea de mantener vivos estos equipos.



También hubo un reconocimiento especial a la Liga Olmeca y al Comité Deportivo por el apoyo inquebrantable desde la fundación del proyecto.
Llegó el momento de las entregas. Profesores con sus equipos e invitados recibieron reconocimientos que fueron mucho más que un diploma. “Este es un reconocimiento a todos los jugadores por su entusiasmo y disciplina durante todo el año”, se escuchó. “No solo vemos jugadores: vemos grandes guerreros que afrontan la vida con optimismo. Vemos líderes que cuidan de cada compañero en los entrenamientos y en los juegos. Y vemos padres de familia, verdaderos luchadores que, contra viento y marea, siguen apoyando a sus hijos en este juego llamado vida”.




Dos niños por cada equipo subieron para el juramento deportivo, acompañados por un intérprete de Lengua de Señas Mexicana. Fue un instante de pureza y unidad. Después, Moises Corona tomó el montículo y lanzó la primera bola oficial. El reloj marcaba la hora exacta y, con voz firme, se anunció:






Los juegos no se hicieron esperar. Anáhuac/Cananea enfrentó a Petrolera; en el campo 6, Rojos de Atocan se midió a Olmeca Soy. Más tarde, Petrolera vs. Rojos de Atocan (campo 6) y Olmeca Soy vs. Anáhuac/Cananea (campo 4).
Cada hit, cada out, cada carrera celebrada con gritos y abrazos recordó por qué este torneo es especial. Aquí no se trata solo de ganar o perder. Se trata de pertenecer, de superarse, de sentir que el diamante es de todos.