21 octubre, 2026
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Luz María Ortiz Quintos
Nuevo León me duele. ¿Dónde quedó aquel estado seguro, limpio y con una educación de calidad?
En 1962, los neoleoneses marcaron la historia en materia educativa. Padres de familia, empresarios y ciudadanos en general fueron valientes y capaces de unirse por el bien común y por la defensa de la educación. Aquella participación ciudadana nos recuerda que, cuando existe voluntad, la sociedad puede organizarse para defender lo que considera fundamental.
Hoy, un discurso matutino que durante más de seis años ha marcado la conversación pública se ha caracterizado,  por fomentar la división entre clases sociales. Bien dice el dicho: «Divide y vencerás».
No solo carecemos de un medio ambiente sano, de transporte público suficiente, de obras públicas concluidas y de una educación de calidad; también enfrentamos problemas de seguridad y prevención que requieren atención urgente.
Hoy vemos a funcionarios públicos participar en eventos para la fotografía, pero cabe preguntarnos: ¿quién está realizando el trabajo operativo que exige planeación, procedimientos y protocolos para resolver los problemas que afectan a los ciudadanos?
Es increíble el mundo de ficción que nos venden, mientras los hechos nos muestran una realidad triste y preocupante.
Una vez más, en una secundaria pública del área metropolitana, dos menores de edad resultaron intoxicadas tras consumir una bebida que, según la información difundida, contenía una sustancia ilícita. Este tipo de hechos debe encender las alertas y llevarnos a cuestionar qué medidas de prevención, supervisión y atención se están implementando en los planteles educativos.
Más inversión en prevención y menos publicidad personalizada es lo que exigimos los ciudadanos. ¡Ya basta! Nuestros niños y jóvenes no merecen autoridades de puertas cerradas, indiferentes a las necesidades reales de la población y sin disposición para escuchar, servir y trabajar.
Tenemos escuelas sin agua, sin luz, sin suficiente personal y con riesgos cada vez más complejos ante los retos, las conductas y las modas a las que hoy están expuestos los jóvenes.
Es cierto que el primer filtro de prevención está en casa. Los padres de familia tenemos una responsabilidad irrenunciable. Sin embargo, absortos en las exigencias del día a día, algunos han delegado casi por completo la educación de sus hijos a las escuelas. Estas, a su vez, muchas veces se encuentran rebasadas por la sobrepoblación escolar y la excesiva carga administrativa que enfrentan los docentes, condiciones que dificultan el cumplimiento de su labor educativa y formativa.
La responsabilidad debe ser compartida. Las familias, las escuelas y las autoridades educativas necesitan trabajar coordinadamente, con reglas claras, personal capacitado y protocolos eficaces.
Ya hemos vivido tragedias relacionadas con la introducción de armas de fuego, armas blancas, medicamentos controlados y drogas en los entornos escolares. También hemos conocido hechos violentos en los que una docente perdió la vida a manos de un alumno, quien además hirió a sus compañeros y posteriormente se quitó la vida dentro de la escuela.
No podemos permitir que cada nuevo incidente se convierta en una noticia pasajera, que provoque indignación durante unos días y después quede en el olvido. Cada caso debe llevar a una revisión seria de los protocolos, a la identificación de las fallas y a la implementación de medidas concretas para evitar que vuelva a ocurrir.
¿Cuántas señales de alerta más necesitamos para que las autoridades actúen con la urgencia que estas situaciones demandan? ¿Cuántos niños y jóvenes deben estar en riesgo para que la prevención se convierta en una verdadera prioridad?
Gobernar no es aparecer en una fotografía; es hacerse responsable de los problemas, escuchar a los ciudadanos y ofrecer soluciones.
Nuevo León necesita autoridades que trabajen, prevengan y rindan cuentas. Necesitamos escuelas seguras, familias acompañadas y comunidades donde nuestros niños y jóvenes puedan desarrollarse sin miedo.
Si ante todos estos hechos las autoridades no actúan, ¿qué más tiene que pasar para que reconozcan la gravedad de la situación y comiencen a hacer su trabajo?
Nuevo León me duele, porque merece mucho más que discursos y publicidad. Merece resultados.

*La autora es presidenta del Instituto Nacional de Consultoría Familiar A. C.

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