El INE sin autonomía
Óscar Tamez Rodríguez
Luego de la elección de 1988 y la consolidación del fraude electoral de Manuel Bartlett cuando el sistema se cayó o se calló, aún no se sabe, luego de esa caída del sistema político electoral mexicano, nace el IFE.
Nació no ciudadanizado, sin embargo, es luego de la elección turbulenta (por decir lo menos) donde gana Ernesto Zedillo en 1994 que en 1996 se ciudadaniza, es decir deja de ser un organismo dependiente del gobierno central para convertirse en eso que llaman organismos autónomos.
Desde aquella ciudadanización se buscaron perfiles apartidistas, cercanos a la academia, al derecho constitucional y con una trayectoria sin militancia partidista.
Se presumía que así el IFE se libraría de los sesgos, la imposición, la infiltrada de mano desde el poder o simplemente, de ser un organismo parcial al servicio del gobierno en turno. La realidad es que, a lo largo de sus tres décadas de ciudadanizado, el IFE, hoy INE, ha sido el centro de las decisiones turbulentas, ambiguas, manipuladas, partidizadas, en síntesis, ha sido un organismo parcial en su ejecución.
José Woldenberg fue el primer presidente consejero, le toca la elección del año 2000 cuando se vive la transición donde el PRI pierde su hegemonía y arriba el PAN a la presidencia del país. Para muchos el mejor presidente que ha tenido el IFE. Siendo justos, le toca presidir con un presidente de la república interesado en legitimarse como demócrata, entregando el país a su oposición.
En esa elección debía calificar el IFE la contienda, sin embargo, a las ocho de la noche, aún sin el conteo de las casillas, sin resultados preliminares confiables y sin ninguna autoridad conferida, el presidente Ernesto Zedillo sale a los medios a declarar el triunfo de Vicente Fox. El éxito de Woldenberg es gracias al interés del máximo poder para transitar a la historia como demócrata.
En la elección del 2006 toca a Luis Carlos Ugalde presidir el consejo del IFE, fue evidente su parcial manejo del proceso, incluso se le demostraron vínculos de aquel tiempo con la líder magisterial priista Elba Esther Gordillo y con actores del PAN.
Su parcial actuar terminó con un proceso deslegitimado en donde medio punto porcentual separó a Felipe Calderón de Andrés Manuel López. Esto obligó a reformar la legislación electoral por aquello del voto por voto y casilla por casilla, grito de guerra en los amloistas.
En la elección de 2012 hubo pocos sobresaltos, el presidente panista no mostró interés en el triunfo de su candidata Josefina Vázquez Mota, por el contrario, no fue ajeno al triunfo del priista Enrique Peña Nieto. Con todo y ello, Peña desaparece al IFE y lo centraliza en el INE, un organismo que no ha sabido rendir buenas cuentas.
Peña como Zedillo, no tuvieron problemas poselectorales, en el caso de 2018, gana Andrés Manuel López y con ello se inicia la destrucción de las instituciones político-democráticas, así como el control por mordaza a las libertades de pensamiento y expresión.
Guadalupe Taddei Zavala es la cereza en el pastel, arriba a la máxima posición del INE impuesta sin consensos, por la decisión del hegemonismo moreno y dispuesta a servir con lealtad.
Además de la corrupción política, Taddei aparece envuelta en corrupción monetaria. Los anteriores titulares del IFE-INE no tuvieron crisis por corrupción monetaria, su crisis es por la declinación política.
Taddei hoy se exhibe envuelta en negocios turbios con el recurso democrático. Deja al INE frágil, deslegitimado sin autoridad moral para la elección en puerta.
¿Qué hacemos por salvar al INE que se encuentra en terapia intensiva?
