Luz María Ortiz Quintos
De acuerdo con la psicología, la inteligencia se define como la capacidad de emplear habilidades cognitivas para adaptarse a distintos entornos y resolver problemas relacionados con la racionalidad. Implica cualidades como la razón, la lógica, la sensatez, el juicio, la coherencia y la cordura.
Existen diferentes tipos de inteligencia. En su libro Una trinidad del Himalaya (2003), Mark Oliver, fundador de MarkTwo, identificó cuatro inteligencias fundamentales: CI (coeficiente intelectual), CE (inteligencia emocional), CF (inteligencia física) y CS (inteligencia espiritual). De acuerdo con la Real Academia Española (RAE), la inteligencia emocional es “la capacidad de percibir y controlar los propios sentimientos y saber interpretar los de los demás”; en consecuencia, se trata de la habilidad de dirigir y gestionar las emociones para alcanzar el bienestar personal.
A estos tipos de inteligencia se suma, más recientemente, la inteligencia artificial, que según la RAE es la disciplina científica que se ocupa de crear programas informáticos capaces de ejecutar operaciones comparables a las que realiza la mente humana. Ante el crecimiento acelerado del uso de la inteligencia artificial, observamos un incremento en su aplicación, mientras que, de manera preocupante, el desarrollo de la inteligencia emocional parece ir en descenso.
Si bien es cierto que las tecnologías representan una herramienta valiosa, en la actualidad existe una práctica deficiente en el fortalecimiento de la inteligencia emocional. Gracias a esta inteligencia es posible controlar la impulsividad, desarrollar el autocontrol y establecer una jerarquización sana de acciones. Dentro del manejo de los impulsos se incluyen conductas como el consumo de alcohol y drogas, así como otros comportamientos que ponen en riesgo la integridad personal.
Hoy en día, las empresas, en su búsqueda de talento, consideran cada vez más relevante el manejo del estrés, la resolución de conflictos y el trabajo en equipo. Por ello, las personas con mejores habilidades en estas áreas suelen ser seleccionadas con mayor frecuencia, incluso por encima del rendimiento académico.
En este contexto, resulta indispensable reforzar el desarrollo de la inteligencia emocional desde edades tempranas, a fin de garantizar la formación de habilidades y capacidades esenciales para la vida, fortaleciendo el desarrollo de la persona que le permita mantener mejores relaciones interpersonales en los ámbitos que se desenvuelve, a lo largo de su vida