jue. Jul 25th, 2024

Charlas de taberna

Marcos H. Valerio

En el corazón de Xochimilco, Felipe Barrera recuerda las historias que sus abuelos le contaban sobre la vida en las chinampas. De niño, soñaba con cultivar la tierra de la manera tradicional, como lo hacían sus ancestros. Hoy, no solo ha hecho realidad ese sueño, sino que también está ayudando a salvar una especie en peligro de extinción: El ajolote.

Hace ocho años, Felipe Barrera se unió al proyecto Chinampa Refugio del Instituto de Biología de la UNAM, dirigido por el ambientalista Luis Zambrano González. Este proyecto busca no solo revitalizar la agricultura ancestral en las chinampas, sino también convertir estos espacios en refugios para el ajolote, un anfibio endémico de Xochimilco que enfrenta serias amenazas debido a la contaminación y la pérdida de hábitat.

“De niño, el agua de los canales era negra y revuelta. No se veía nada”, recuerda Felipe. “Hoy, el agua es clara y se puede ver el fondo. Es como un sueño hecho realidad”. La transformación no ha sido fácil. Para crear el refugio, tuvo que cavar un canal secundario de más de dos metros de profundidad en su chinampa y aprender a controlar los niveles de oxígeno, pH y los alimentos necesarios para el buen desarrollo de los ajolotes. Por cierto, muy alejados de la tilapia y las carpas que son sus principales depredadores.

Diego Prieto Hernández, director del INAH, explicó que el rescate de las chinampas se está llevando a cabo en dos frentes: el salvamento arqueológico, que aplica una metodología científica en cada obra pública o privada, y el programa de mejoramiento de zonas arqueológicas, que incluye acciones de investigación, conservación y restauración de 29 sitios arqueológicos, con seis más por añadirse.

La conservación de las chinampas tiene un impacto ecológico significativo. Actúan como biofiltros que limpian el agua de los canales y conservan el ecosistema lacustre. Además, las estructuras de las chinampas, hechas de troncos, tierra y raíces, proporcionan un refugio seguro para los ajolotes, protegiéndolos de sus depredadores naturales como las tilapias y las carpas.

En octubre de 2023, el proyecto Chinampa Refugio entró en su segunda fase, liberando 12 ajolotes en tres chinampas ya preparadas. En mayo de 2024, se liberaron 12 ajolotes adicionales: cuatro en la chinampa de Felipe y ocho en otras dos chinampas. Los ajolotes fueron seleccionados por sus habilidades de caza y se liberaron en jaulas controladas de bambú y malla camaronera. Durante su estancia en las chinampas, los ajolotes son monitoreados para evaluar su salud y adaptación.

“Veremos qué pasa en mayo, junio, julio y agosto con los animales en estos refugios”, explicó Horacio Mena González, responsable de la colonia de ajolotes en el Laboratorio de Restauración EcológicaB. “Al cuarto mes, los retiraremos para tomar muestras de tejido y evaluar su dieta a través de determinaciones de isótopos de carbono y nitrógeno”.

Este esfuerzo no solo busca proteger al ajolote, sino también asegurar que estas criaturas no pierdan su capacidad de vivir en su hábitat natural. Con el tiempo, el objetivo es liberar parejas de ajolotes para que se reproduzcan y completen su ciclo de vida en las chinampas, sin necesidad de intervención humana.

“Si todo sale bien y hubo éxito reproductivo, lo siguiente será liberarlos en los refugios para que desarrollen ahí su ciclo completo”, indicó Mena González. La visión a corto plazo es que dentro de cinco años, los chinamperos tengan una tierra productiva donde los ajolotes prosperen.

“No se trata de ciencia ficción o de disparates. Sí es posible hacer una restauración de Xochimilco”, concluyó Felipe Barrera. Con dedicación y trabajo, junto con otros chinamperos comprometidos están demostrando que los sueños de la infancia y las prácticas ancestrales pueden coexistir con la ciencia moderna para crear un futuro sostenible y próspero para Xochimilco.

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