dom. Jul 21st, 2024

Ixtoc Hinojosa Gándara

El titulo de esta columna de opinión es claramente y de manera obvia una referencia al refrán popular de candil de la calle, oscuridad de la casa; totalmente una similitud con la diferencia del trato del gobierno federal hacia el caso de Julian Assange donde defiende su libertad de expresión y la investigación gubernamental hacia Carlos Loret de Mola. Es clara la diferencia en el trato donde a uno se le aplaude y se le defiende ante la opinión publica y al otro se le amenaza con una investigación financiera.

Si alguien no conoce la historia de Assange, básicamente se puede explicar con la fundación del sitio de internet Wikileaks donde hace públicos múltiples documentos ultrasecretos de diversas dependencias estadounidenses y por eso fue perseguido por el sistema judicial del país antes mencionado. Todo lo anterior hizo de este caso de conocimiento a nivel internacional

Carlos Loret de Mola es un periodista mexicano que hizo sus comienzos en el periodismo de investigación en Televisa y también ha sido parte de múltiples grupos radiofónicos de mucha influencia nacional. También no se escapa de la polémica como en el caso de la ciudadana francesa Florence Cassez en el periodo de García Luna al frente de la secretaria de seguridad.

Ya se hizo énfasis en el trato hacia Assange siendo este un caso internacional y cabe mencionar la diferencia de trato ante un caso domestico donde el periodista Loret de Mola ha hecho publicas investigaciones y grabaciones que exhiben la red de corrupción de los hijos mayores del Presidente de la Republica  coincidiendo, de manera muy sospechosa con una investigación de la Unidad de Inteligencia Financiera hacia las cuentas y los movimientos financieros del periodista Loret, su esposa, Víctor Trujillo (Brozo)  y el medio donde trabaja, Latinus. Haciendo evidente la forma de gobernar, donde le doy manga ancha a los míos y presiono mediática y económicamente a mis detractores de manera muy vengativa, todo parece indicar que el presidente toma sus decisiones con las tripas y no con el cerebro.

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