sáb. Jul 13th, 2024

Raúl Guajardo Cantú

Vivir en una democracia representativa implica la existencia de partidos políticos, los cuales en teoría representan a diferentes grupos de la sociedad con ideas, problemas, aspiraciones y objetivos sociales comunes. El problema en la mayoría de los casos consiste en que si bien en teoría eso es realidad, en la práctica los partidos y sus dirigencias acaban por no representar más que sus intereses y no a quienes votan por, o son afines a, ellos.

En pocas palabras los partidos se convierten en grupos de interés que acaban por luchar no por principios o mejoras en las políticas públicas del país, buscando mejorar la vida de sus representados o de la sociedad en su conjunto.

Hoy que la oposición a Morena, que en teoría debe representar a las minorías del país, tenemos ejemplos claros de que sus dirigentes solo buscan su sobrevivencia o al menos eso parece.

Por ejemplo, la desaparición del Partido de la Revolución Democrática nos ha traído el mensaje de que es probable que sus dirigentes busquen formar otro partido, la dimensión a que ha quedado reducido el Revolucionario Institucional aparentemente servirá para que el grupo dirigente de este a través de una transformación aparente logre empoderar solo a un grupo de políticos afines al actual presidente.

Por su parte, las fuerzas más “destacadas” son Acción Nacional y Movimiento Ciudadano, todos ante un avasallador Morena, por lo que habría que replantearse el sentido de los partidos políticos, sobre todo porque, dados los últimos acontecimientos en el PAN, por poner un ejemplo, habría que preguntarse ¿a quién sirven estos institutos políticos?

El PAN se está presentando a sí mismo como la mayor fuerza opositora del país, cuando en realidad no representa una fuerza que tenga la posibilidad de enfrentar con alguna probabilidad de éxito, por mínima que sea, ante un aparato gubernamental que, a través de su partido, se ha arrogado una mayoría calificada en la Cámara de Diputados y está a nada de conseguirla en la de Senadores.

Así que el encontronazo entre el expresidente Felipe Calderón y el dirigente del blanquiazul más parece la defensa de espacios de poder que la búsqueda de formar una representación de los partidos.

Movimiento Ciudadano por su parte se encuentra inmerso en una lucha de poder entre los distintos grupos que lo componen, los cuales intentan asumir el control del instituto político para usufructuar las prerrogativas que por ley le corresponden.

No aparece por ninguna parte el deseo de enfrentar al partido en el poder en su principal objetivo de controlar ambas Cámaras, a partir de lo cual el resto no importa demasiado, ya que una vez que las controle podrá cambiar cualquier ley que le impida hacer lo que su dirigencia quiera.

Así que parece que los partidos no se dan cuenta del riesgo que corren de desaparecer si no hacen algo ya, en cuanto se confirmen las mayorías calificadas, no habrá reversa, por lo menos no en el corto o mediano plazo.

Así que conviene preguntarse si unos liderazgos como los actuales son los que necesitamos como país, de Morena, mejor ni hablar.

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