Eleazar Fuentes Gutiérrez
Nuestro país, México, desde 2018, ha sido gobernado por la izquierda, y a partir de eso se le han atribuido muchos estigmas: que es socialista, que es comunista. Pero, ¿realmente nuestro gobierno es así?
Para responder esta pregunta, primero hay que entender qué es el socialismo y el comunismo. Su principal referente ideológico es Karl Marx, quien plantea la igualdad social, así como la eliminación de la explotación. En su forma más radical, el comunismo busca eliminar la propiedad privada de los medios de producción y establecer una economía colectiva. En pocas palabras, busca que no existan grandes diferencias entre las personas.
El socialismo es una corriente relacionada, pero menos radical que el comunismo. No necesariamente elimina la propiedad privada, sino que plantea una mayor intervención del Estado para reducir desigualdades.
Entonces, ¿nuestro país es así?
Si analizamos países como Cuba o, en su momento, la Unión Soviética, podemos ver modelos donde el Estado controla gran parte de la economía. México no ha llegado a eso, ni parece que vaya a llegar.
¿A qué se debe?
Principalmente a su contexto geopolítico. México tiene como vecino a Estados Unidos, uno de los principales países capitalistas del mundo y su socio comercial más importante. Pensar que permitiría que su principal socio comercial se convierta en un país comunista o socialista resulta poco probable.
Desde un análisis geopolítico, es muy difícil que México llegue a ese nivel de transformación económica.
Sin embargo, donde sí se puede observar un cambio es en el plano cultural y social. El actual gobierno ha impulsado políticas y discursos dirigidos a ciertos sectores sociales, así como contenidos que algunos identifican con posturas de izquierda más marcadas.
El problema no es que existan ideas o posturas distintas, eso es parte de cualquier democracia. El problema surge cuando desde el Estado se intenta influir en la forma de pensar de la sociedad, especialmente a través de herramientas como la educación. Cuando la educación deja de formar criterio y comienza a orientar una sola visión, se corre el riesgo de caer en adoctrinamiento.
Y el adoctrinamiento, venga de donde venga, no fortalece una sociedad democrática, la debilita.
Esto no significa que México sea comunista o socialista, sino que existe una orientación ideológica en algunos temas, más en lo social que en lo económico.
En conclusión, México sigue siendo una economía de mercado, con propiedad privada y participación en el sistema global. Por lo tanto, hablar de comunismo o socialismo en el país responde más a una narrativa política que a una realidad, aunque sí vale la pena cuestionar hasta qué punto el Estado debe influir en la formación de ideas dentro de la sociedad.