Proverbios 28:15-16 advierte sobre el peligro de un gobernante falto de entendimiento: cuando el poder cae en manos de quien no tiene sabiduría ni verdadero interés por el bien del pueblo, la autoridad deja de proteger y comienza a oprimir. Y la opresión no siempre llega con violencia, persecución o cadenas. A veces llega disfrazada de generosidad.
Hay gobiernos que han descubierto que un ciudadano necesitado puede convertirse en un ciudadano políticamente útil. Mientras más personas dependan de una dádiva, un subsidio o un programa para sobrevivir, mayor será la tentación de convertir esa necesidad en un mecanismo de control. “Yo te doy, tú me apoyas. Yo te mantengo, tú me debes.” Así, la ayuda deja de ser una herramienta para levantar al pobre y se convierte en una estrategia para mantenerlo cerca del poder.
Ayudar al necesitado no es el problema. Es una obligación moral. El problema comienza cuando la ayuda no tiene como propósito que la persona salga adelante, sino que nunca deje de necesitar al gobernante. Dar de comer al que tiene hambre es misericordia; impedir que aprenda a producir su propio alimento puede convertirse en una nueva forma de esclavitud. Resolver la urgencia es necesario, pero administrar eternamente la necesidad es una forma de fracaso.
Un gobierno verdaderamente comprometido con los pobres no presume cuántos apoyos reparte, sino cuántas personas han dejado de necesitarlos. No mide su éxito por el número de ciudadanos formados en una fila para recibir, sino por el número de familias que han encontrado oportunidades para trabajar, emprender, producir y crecer. La meta de la ayuda debería ser la autonomía, no la dependencia.
Proverbios compara al mal gobernante con “león rugiente y oso hambriento” sobre un pueblo pobre. Quizá una de las formas modernas de ese peligro sea precisamente aquella en la que el poder aprende a alimentarse de la pobreza que dice combatir y la convierte en un negocio.
La pregunta, entonces, es incómoda pero necesaria: ¿queremos gobiernos que nos mantengan o gobiernos que nos impulsen? ¿Políticas que nos enseñen únicamente a esperar o políticas que nos permitan avanzar? La verdadera ayuda no consiste en conservar a una persona con la mano extendida durante toda su vida. La verdadera ayuda consiste en darle la oportunidad, la formación y las condiciones para que un día pueda bajar la mano, ponerse de pie y caminar por sí misma.
Un gobernante puede ganar votos repartiendo dádivas. Pero un verdadero líder construye un pueblo que no necesita ser comprado, que ha sido verdaderamente transformado, que ciertamente es libre e independiente.
“León rugiente y oso hambriento es el príncipe impío sobre el pueblo pobre. El príncipe falto de entendimiento multiplicará la extorsión…” Proverbios 28:15-16
¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.
Facebook e Instagram: @InstruccionesPersonales