sáb. May 21st, 2022

Arnulfo Vigil

Con estos calorones y sin agua. ¡Oh Dios! Y las aguas del río Jordán no acabarán con la sed ni la desalinización de todos los mares menguará la angustia ni la concentración de lagos y lagunas evitará la deshidratación y ni todos los pozos ni los ojos de agua serán suficientes para mitigar la sed de un pueblo que muere flaco y ojeroso.

Perdón por el reflujo tonal apocalíptico pero es que ante la carencia de agua, ocasionada más por la falta de previsión que por la peor sequía de los últimos mil doscientos años, como se dijo, parece que estamos en el día del juicio final. 

    Las presas que abastecen el área metropolitana de Monterrey están exangües, los pozos que se encuentran en la macroplaza no son suficientes, los pozos emergentes sitos en el obelisco de Juan Ignacio Ramón y Cuauhtémoc no se han explotado, la presa rompepicos que impide la entrada de agua de tifones no tiene agua. La situación está más que calamitosa. Y ahora quién nos salvará. 

    El otro Juan, Juan Ignacio Barragán, urbanólogo a cargo de la empresa estatal Agua y Drenaje hace hasta lo imposible por paliar la grave crisis, que al paso de los días va a empeorar. Hasta tuvo que ir con el gobernador, Samuel García, a Reynosa a entrevistarse con el embajador de EU en México, Ken Salazar y con gobernadores colindantes para tratar el tema del agua o, más bien, de la falta de agua. Y ni modo que Samuel se traiga el agua del Río Bravo. No puede porque desaparecería la frontera con Estados Unidos.  

    Y recién se dio a conocer la noticia de que se revivirá el proyecto de traer agua del Río Pánuco de Veracruz, conocido como Mty. VI. Dicho proyecto fue apuntalado por el ex gobernador Rodrigo Medina y apoyado por el Presidente Peña Nieto. Pero no se concretó. El sucesor de Medina, Jaime Rodríguez, no lo siguió argumentado ser muy costoso. Dicho proyecto fue denostado por Fernando Elizondo, hoy la mano que mece la cuna en el gobierno del nuevo Nuevo León. 

    Otra opción es seguir perforando pozos cada vez más profundos, hasta que los mantos acuíferos digan ya no, no, por favor. Y se seque la tierra. Y la erosión destruya ciudades. Y no quede piedra sobre piedra. Pero esas opciones son costosas y no están contempladas dentro del presupuesto anual del Gobierno del Estado. Por lo tanto tendrá que desviar presupuestos. Ojalá se los quite a Semex, la empresa que acaba de ganar la licitación (a modo) del Sintram, porque quedó mal con la Ecovía. 

    Pero bueno. Estamos en la administración del nuevo Nuevo León, promulgado a pulmón batiente por el gobernador Samuel García, que no es el gobernador más joven de Nuevo León, y por lo tanto se requieren nuevos métodos, formas, opciones, posibilidades, de solucionar el problema de la falta de agua, un problema ancestral en nuestro Estado. Y si es un nuevo gobierno, aunque algunas mañas de sus principales funcionarios lo desdicen, entonces debe haber nuevas maneras de arreglar un problema recurrente, no revivir proyectos fallidos y repudiados, además de tardados.      

    Simplemente ¿cómo, le hizo Israel, un país desértico, para obtener agua?

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