sáb. Jul 13th, 2024

Gerson Gómez Salas

Dicen la vida no vale nada. Menos si nos acercamos al precipicio. Una lección aprendimos de la pandemia. Guardar distancia. Pasar el tiempo encerrado. Al supermercado solo por víveres.

Trabajo desde casa. Quienes lo gozan. La mayoría apenas en la supervivencia. Los caminos a las residencias como también a las zonas marginales. Construcciones aceleradas de precios tan inflados.

Aramberri, municipio oculto a varias horas de la capital, cuatro meses sin agua. La inundación llegó a los hogares. Corrección. Desolado para quienes la marginalidad es pan nuestro de cada día.

Podría decir el alcalde y gobernador, no se murieron, agua hubo para todos. En la frontera lo inverosímil acusa recibo. La costa de Tampico. De la laguna del carpintero salen los hijos del cocodrilo Pancho. Pasean por el boulevard. Exhiben largas fauces hambrientas.

Del cerro del Topo Chico caen grandes piezas de roca. Golpean las partes altas de la colonia de paracaidistas. Golpe avisa. Transmisión en vivo, a todo calor de la información al momento.

Células criminales guardan distancia. Prorrogan las ejecuciones, el pago de piso y las distribuciones de producto.

En la frontera, de la imaginación, los paseantes van hasta el lecho del río Santa Catarina. Olas color chocolate lleva en furia toneladas de tierra. A la par los distribuidores viales. Ahí mero construyen las columnas de la próxima línea del metro. Solo en la frontera insisten una y otra vez en desoír a la naturaleza.

Nos levantaremos exclaman. Es necia la palabra. Aplausos. La danza de los millones de pesos rumbo a la reconstrucción y la basura.

Solo en la frontera.

Por Admin

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