jue. Jul 25th, 2024

Raúl Guajardo Cantú

Uno de los peores problemas que puede enfrentar un gobierno es que sus gobernados no les crean, que debido a sus accionar pierdan la mucha o poca credibilidad que pudieron haber tenido.

Como hoy se dice, la narrativa de todo gobierno es fundamental para mantener los procesos de gobernabilidad en un nivel, si no óptimo, por lo menos adecuado, pero parece que estamos viviendo momentos en los cuales lo que menos mantienen las autoridades, por lo menos ante amplios sectores de la población, es la credibilidad. Sobre todo en gobierno locales, ya que el caso del actual gobierno federal merece un análisis aparte.

Estamos viviendo un proceso acelerado mediante el cual las autoridades electas están siendo presionadas por los ciudadanos para que den resultados inmediatos, parece que muchos ya no están dispuestos a esperar para ejercer sus derechos más elementales, por poner un ejemplo muy actual, el derecho a tener agua potable, pero no solo eso, sino que grupos cada vez más pequeños, pero con acceso a medios de comunicación y redes sociales, son capaces de visibilizar temas que aparecen como parte importante de la comunidad, aún y cuando afecten solo a grupos localizados y no necesariamente mayoritarios en esta, pero que logran hacerse visibles.

En cierta medida es un proceso que aparece de forma más patente, como señalamos, en las redes sociales, a través de las cuales los ciudadanos urgen a las autoridades a responder a sus demandas.

No hay tiempo para esperar, ni deseo de hacerlo. Los ciudadanos quieren satisfacer sus necesidades y ejercer sus derechos aquí y ahora, no mañana o en cualquier otro tiempo.

Ante una situación de este tipo y ante la variedad de las demandas que presenta la sociedad a sus gobernantes, estos se ven en la necesidad de ofrecer respuestas que muchas de las veces dejan insatisfechos a los ciudadanos, como por ejemplo el caso del suministro de agua en el área metropolitana de Monterrey, en el cual por más explicaciones que se dieron, la realidad es que, hasta ayer, todavía eran muchos los sectores en los cuales o bien el suministro continuaba fallando, o el líquido que salía por las tuberías no contaba con la calidad necesaria para el consumo.

Por si eso fuera poco, ante las promesas incumplidas no solo en este rubro, sino ante la imposibilidad de restablecer la movilidad en el área urbana del estado debido a los daños ocasionados por la tormenta tropical Alberto, parece que se está presentando un círculo vicioso cuyo primer resultado es la caída en la de por sí maltrecha credibilidad de las autoridades estatales.

Quizá sería tiempo ya de profesionalizar el servicio público y generar planes de desarrollo de mediano y largo plazo ejecutados por verdaderos cuerpos profesionales, expertos en las materias y que los gobernantes se preparen con antelación para llegar y evitar las lastimosas curvas de aprendizaje que en algunos casos se prolongan demasiado.

En caso contrario, puede llegar el día en que la falta de credibilidad se convierta en un problema todavía más grave de lo que es actualmente y la gobernanza se haga imposible. Entonces sí, las consecuencias serían difíciles de imaginar.

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