Asimismo el extranjero, que no es de tu pueblo Israel, que viniere de lejanas tierras a causa de tu nombre (pues oirán de tu gran nombre, de tu mano fuerte y de tu brazo extendido), y viniere a orar a esta casa, tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, y harás conforme a todo aquello por lo cual el extranjero hubiere clamado a ti, para que todos los pueblos de la tierra conozcan tu nombre y te teman, como tu pueblo Israel, y entiendan que tu nombre es invocado sobre esta casa que yo edifiqué. 1 Reyes 8:41-43
Recientemente, un extranjero que trabaja en nuestra ciudad me comentaba que el dios de esta ciudad es el dinero y con tristeza pude ver que efectivamente así es, pero que no siempre fue así.
Nuestra ciudad fue fundada entre montañas por judíos sefarditas hace casi 450 años, y está cimentada bajo los principios de la palabra de Dios.
Durante años fuimos conocidos por el resto del país como “codos” (una expresión de tacañería) por tener unas finanzas sanas y crecientes.
A esta ciudad llegaron a acudir Ministros de Economía y hasta el mismo Presidente de la nación a consultar con los principales empresarios las posibilidades de adquirir una deuda externa en el Banco Mundial, porque muchos pertenecían a él.
En esta ciudad se fundaron y expandieron principios de bienestar social y laboral donde los empleados de las grandes compañías tenían colonias, escuelas y hospitales para sus trabajadores, horarios, créditos y prestaciones especiales para ellos con el objetivo de que el núcleo familiar siempre fuera cuidado y fortalecido con la presencia constante de mamá y papá.
Como un oasis en el desierto se erigía la Sultana del Norte mientras expandía un estado de progreso, y ese lugar comenzó a ser conocido por su grandeza, tal como Salomón oraba sobre la Casa de Dios en la Tierra Prometida.
Igual que allá, muchos llegaron aquí y comenzaron a buscar los beneficios de vivir cerca de la Presencia de Dios y las bendiciones de seguirlo, y los recibieron, tal como Salomón dijo, pero igual que en los tiempos antiguos, actualmente muchos buscaban la bendición pero sin humillarse ante Dios, y se perdieron tras los ídolos, persiguiendolos incansablemente.
Nuestra ciudad sigue fundada sobre la Palabra de Dios, pero muchos han decidido dejar de obedecerla. Lleva el nombre del Monte del Rey en la región antiguamente conocida como el Nuevo Reino de León, pero este lugar que debe ser una Casa de Oración para las Naciones, está perdida porque no sabe ni quién es ni a quién servir.
Y esto no es culpa del extranjero que no le conoce, sino del que viviendo aquí no le ha enseñado quién manda, porque si el Señor no construye la casa, en vano trabajan los que la edifican.
Nuestra ciudad tiene la oportunidad de ser restaurada verdaderamente, si comenzamos de nuevo a fundar en nuestro corazón la obediencia al Creador de todas las cosas y al único Dios viviente.
Salomón sabía las bendiciones que vendrían sobre los que honraran a Dios, pero también de las plagas y males que caerían sobre los que no, y ofreció una solución que agradó al Señor. De nosotros depende obedecerla y compartirla.
Si mi pueblo se humilla, y ora y me busca, y si al mismo tiempo abandona su mala conducta, yo escucharé en el cielo su oración, perdonaré sus pecados y los haré prosperar de nuevo. 2 Crónicas 7:14 TLA
¿Crees esto? Habla con Dios, lee la Biblia y descúbrelo. Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.
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