sáb. Jun 22nd, 2024

Una de las cosas más difíciles del ministerio, pero al mismo tiempo más anheladas, es que el Maestro lave tus pies. No lo mereces, pero lo necesitas, por eso Él lo hace.

Los pies duelen y huelen mal, están sucios de ir por los caminos y cansados de recorrerlos. Han recibido pisotones, han topado con piedras, se han cubierto de polvo y hasta han pisado cosas malolientes, estos pies han tenido que ir por caminos extraños y lugares inhóspitos, y también han tenido que ser echados fuera, han tenido que sacudirse el polvo y no tienen un aspecto agradable, pero anhelan un poco de agua viva y el toque de unas manos suaves.

Estos son pies hermosos para Jesús, los que lo han seguido y obedecido.

¡Qué dilema ver tus pies horribles y que Jesús quiera tomarlos en sus manos!

¡Qué contradicción de sentimientos hay dentro de aquel que ve a su Maestro con ojos de amor mirar a un pecador que no merece el privilegio!

Pero este sentimiento es algo para imitar, muchos necesitan ver a sus maestros y líderes lavar los pies de sus alumnos, tomarlos en sus manos con ternura, limpiarlos y refrescarlos para que ellos vayan y hagan lo mismo con otros.

“Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros”. 

¿Cree esto? Hable con Dios, lea la Biblia y descúbralo.  Solo la Verdad nos hará verdaderamente libres.

Juan 13:14 

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