mié. May 22nd, 2024

Raúl Guajardo Cantú
Durante muchos años el servicio público, incluyendo las trayectorias partidistas, requerían de una formación que llevaba años, quienes deseaban formar parte de este se preparaban para ello, no en escuelas, sino en la práctica misma, se convertían en aprendices de algún político o de varios.
Pasaban desde pegar posters, sacar copias, traer las sodas y demás, eran una especie de ayudantes de quienes ya formaban parte de la vida pública del país, el estado o el municipio.
Las cosas han cambiado mucho desde entonces, ahora es más fácil hacer una carrera fuera de los partidos o el servicio público y desde ahí alcanzar un puesto en gobierno, ya sea en la burocracia o en cualquiera de los poderes electos por voto popular.
El problema es que luego los servidores públicos llegan a cumplir con una curva de aprendizaje que tiene un costo para los ciudadanos, no necesariamente que los funcionarios sean ineptos, aunque algunos lo sean, sino que no pasaron por el proceso de aprendizaje necesario para cubrir los puestos en la función pública y eso se nota cada vez más.
Uno de los síntomas que presenta este fenómeno es la disputa por las candidaturas de los partidos políticos, vea usted la forma en que se pelean estas, las denuncias que generan, hay incluso quienes han señalado que algunas candidaturas se venden al mejor postor, se ha hablado que por ser candidato a regidor se llega a pagar hasta un millón de pesos -mucho dinero para el salario que se ganará en tres años- y de ahí para arriba, no nos queremos imaginar lo que hay que pagar por la candidatura a alguna alcaldía o una diputación federal en el caso de que las denuncias sean ciertas.
Pero ese no es el punto, lo que deseamos subrayar es que, en caso de ser cierto este procedimiento, habrá quien llegue a algún cargo sin la preparación necesaria para este y quienes lo pagaremos somos los ciudadanos.
No decimos que el pasado haya sido mejor, como hoy, antes también se veía en el servicio público, entre quienes no tenían vocación para ello, una forma rápida de enriquecimiento personal.
Quizá sea tiempo de que los ciudadanos tomemos el control de los procedimientos democráticos, comenzando por ir a votar, y dictemos las normas que nos interesa impulsar.
Dicen que la política es algo demasiado serio como para dejarlo en manos de los políticos. Habrá que pensar en ello.

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